¿El derecho a elegir o el derecho a ser elegido?

Fin al lucro, copago y selección, son los tres grandes temas que encabezan la agenda programática del gobierno. Si se quiere hablar de uno, inevitablemente se termina abordando los tres porque están irremediablemente vinculados al afectar negativamente la calidad de la educación.

Sin lugar a dudas la educación es un bien social. ¿O usted es de los que piensa que también puede ser vista como un bien de consumo?

Si usted tiene una pequeña empresa, su objetivo principal es obtener ganancias del producto o servicio que provee. Tendrá un conocimiento acabado de cada detalle de su proceso productivo y siempre estará evaluando de que forma es posible abaratar los costos sin que varíe mucho, a ojos del consumidor, cómo se percibe el producto final.

Si usted tiene un colegio y lo concibe como un negocio, puede buscar la mejor forma de abaratar sus costos.

El dueño de una fábrica de calcetines usará más poliéster que algodón en su producción, usted en cambio, podría no contratar a los mejores profesionales, porque son muy caros, también podría evitar invertir en una buena biblioteca, porque basta con los textos que entrega el ministerio - que por cierto son gratis- , y la infraestructura ¡qué decir!, una manito de pintura una vez al año, basta y sobra.

La otra estrategia que tal vez utilice para seguir disminuyendo los gastos y aumentando las ganancias de su negocio, es el de la selección en su proceso de admisión, ¡claro! es mucho más rentable educar a niños que tienen mayor capital cultural y social y si además se les cobra arancel (copago) el negocio es redondo.

Además, al pedir exigentes requisitos de admisión en su colegio, tales como los antecedentes académicos de los estudiantes, piensa que tendrá resultados garantizados en el Simce y de pasadita publicidad gratuita gracias al buen desempeño de sus alumnos.

Finalmente, todo contribuirá al aumento de la matrícula y esto al consiguiente aumento de sus utilidades, que podrá retirar y guardar en su bolsillo cada año escolar.

Muchos de los colegios particular subvencionados que hoy en día figuran como sociedades con fines de lucro, se constituyeron como tal sólo por el hecho que el trámite era más simple y menos engorroso que constituirse como corporación o fundación, sin embargo otros cuantos,conciben la educación como un negocio.

Es un contrasentido que actualmente la ley prohíba el lucro en la educación superior y no en la educación escolar que es un derecho que está garantizado constitucionalmente, y que además es obligatoria y gratuita.

Si todos los sectores coinciden en que queremos que todos los niños, niñas y jóvenes tengan acceso a una educación de calidad, también deben concordar en que el copago y la selección rema en contra de ese objetivo.

Ambas son prácticas que segregan por nivel socioeconómico, y la segunda además por una serie de factores que sólo dependen del criterio de cada establecimiento como antecedentes académicos, conductuales y culturales, que más que requisitos de admisión, como defienden los colegios, son prácticas abiertamente discriminatorias.

Con todo, nadie pone en discusión la existencia de los colegios particular-subvencionados, al contrario, es bueno contar con una oferta educativa amplia y diversa, que cuente con distintos proyectos educativos y que además la gente pueda elegir con libertad dónde quiere que vayan sus niños.

Aunque déjeme preguntarle, ¿usted piensa que existiendo el copago y la selección realmente puede ejercer su derecho a elegir? o es que finalmente ¿son los colegios los que lo eligen a usted y sus niños?

Una cosa es segura, existe talento en todas partes. Un colegio inclusivo, que integra a niños y niñas de distintas realidades sociales, económicas, y culturales favorece en gran medida a mejorar la calidad de la educación que entrega, tal como lo explica el ya conocido efecto par, pero principalmente contribuye a la formación de personas integrales con la capacidad de vivir la otredad no sólo desde la postura de la tolerancia, sino desde la admiración de la diversidad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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