El liderazgo escolar que Chile necesita escuchar

La reciente conformación del Consejo Nacional de Directores Escolares impulsado por el Ministerio de Educación merece ser relevada. No solo porque reúne a cerca de 25 directoras y directores de destacada trayectoria, sino porque representa una oportunidad poco frecuente para reconocer y posicionar el conocimiento profesional que surge desde la práctica de quienes lideran nuestras escuelas.

Durante años hemos acumulado abundante evidencia sobre las complejas condiciones que enfrenta el liderazgo escolar en Chile. Sabemos de las crecientes exigencias administrativas, de las dificultades para sostener comunidades cohesionadas, de los desafíos derivados de la violencia en el entorno escolar y de las profundas desigualdades sociales que se expresan en las escuelas. También conocemos las múltiples formas que adopta hoy el liderazgo educativo: directores, jefes técnicos, coordinadores académicos, jefaturas de departamento, líderes de proyectos y otros profesionales que asumen responsabilidades clave para la mejora educativa. En nuestro sistema escolar alrededor de 15% de profesores realizan funciones directivas y de liderazgo docente a través de distintos roles.

También la investigación ha contribuido con evidencia internacional y local a comprender las condiciones y, generalmente, las dificultades del ejercicio de este rol. Sin embargo, conocemos bastante menos sobre las soluciones que emergen desde las propias escuelas. Sabemos más de diagnósticos y barreras; sabemos menos de las respuestas concretas que líderes escolares elaboran desde la experiencia en diversos territorios y contextos.

Por eso, una de los principales valores de esta iniciativa radica en reconocer que existe conocimiento relevante en la práctica. Las escuelas no son únicamente espacios donde se implementan políticas o programas diseñados externamente. Son también lugares donde se genera experiencia profesional valiosa, donde se prueban estrategias, se ajustan decisiones y se construyen respuestas situadas a desafíos complejos que muchas veces no tienen soluciones evidentes ni generalizables.

Una expectativa razonable respecto a este comité es que favorezca el intercambio entre pares y la difusión de aquellas prácticas que han demostrado ser pertinentes y efectivas en distintas realidades. Particularmente valiosas serán las experiencias desarrolladas en establecimientos que enfrentan condiciones adversas y que, aun así, logran sostener procesos de mejora, bienestar y aprendizaje.

La evidencia disponible en Chile respalda esta aspiración. Datos analizados en los últimos años de Simce, indican que las prácticas de liderazgo para el aprendizaje contribuyen positivamente al desempeño escolar y de sus estudiantes. Más aún, algunas de estas prácticas parecen adquirir especial relevancia precisamente allí donde las condiciones sociales e institucionales son más complejas. Esto sugiere que existen aprendizajes profesionales que vale la pena identificar, documentar y compartir a nivel nacional.

El desafío, sin embargo, no consiste únicamente en difundir buenas prácticas. Este comité también puede transformarse en una instancia privilegiada para identificar obstáculos cuya solución excede a las escuelas y requiere respuestas desde la gestión del sistema educativo, los sostenedores y las políticas públicas. Escuchar a quienes lideran establecimientos permite comprender con mayor precisión qué apoyos requieren, qué barreras enfrentan y qué prácticas funcionan para mejorar el bienestar, la enseñanza y el aprendizaje en las comunidades escolares en Chile.

Desde la investigación a mayor escala, es clave generar evidencia sobre factores estructurales y soluciones amplias, que alcancen al sistema y las organizaciones escolares en su conjunto. Desde la práctica profesional de directivos y profesores, resulta importante diseminar y transferir conocimiento específico sobre cómo hacer las cosas para mejorar la gestión y el aprendizaje en las escuelas. Entender qué hacen los directores escolares, cómo toman decisiones y cómo movilizan a sus comunidades constituye una fuente indispensable para el aprendizaje profesional en el liderazgo escolar y, por qué no, de la gestión en general.

Esperamos, entonces, que este consejo fortalezca la voz profesional de quienes conducen nuestras escuelas, contribuya a la difusión pública de su labor y desafíe tanto la política educativa, la investigación y la práctica de mejora educativa en Chile.