Es la hora de los programas educativos alternativos

Sin tener una mirada pesimista sino realista, no es difícil visualizar que la pandemia u otras emergencias van a continuar por muchos meses más o quizás años, y tendremos que continuar adaptándonos a un nuevo estilo de vida, nos agrade o no. Siendo consecuentes, en educación deberíamos adoptar una forma más planificada y sistemática, empezar a crear o fortalecer nuevas formas de educar desde el ámbito de lo alternativo o no-formal.

Dejando de lado la extensa discusión sobre lo que implica la educación no-formal, término que acuñó P. H. Coombs (1968), tomaremos como referencia su definición inicial: "Toda actividad organizada, sistemática, educativa, realizada fuera del marco del sistema oficial, para facilitar determinadas clases de aprendizaje a subgrupos particulares de la población, tanto adultos como niños"-

Esta conceptualización no necesariamente se debe realizar fuera de los marcos oficiales, incluso puede favorecerse y orientarse desde éstos. De hecho, en nuestra Ley General de Educación (N° 20.370) se la define como "la enseñanza no formal es todo proceso formativo, realizado por medio de un programa sistemático, no necesariamente evaluado y que puede ser reconocido y verificado como un aprendizaje de valor, pudiendo finalmente conducir a una certificación".

En Chile existen diversas experiencias, las escuelas básicas y la educación parvularia hospitalaria, se realizan en otro ambiente que no es el escolar tradicional, a veces en las mismas cunas de los niños, y/o en salitas que se adaptan a sus características de salud. Utilizan variados recursos y estrategias en ciclos educativos muy variados a los oficiales. Se entiende por tanto que son modalidades que se adaptan específicamente a las necesidades de la comunidad educativa.

En educación parvularia, en especial a partir de la década de los '90, se crearon o fortalecieron una gran gama de estas modalidades. Así surgió en Junji el "jardín infantil a la distancia" de Magallanes, utilizando las radios locales, con educadoras itinerantes y guías impresas con actividades culturalmente pertinentes para las familias quienes las aplicaban a sus párvulos. Este programa, que permitió llegar hasta la Isla Lennox, se extendió posteriormente a otras regiones y hoy se sigue aplicando. Se ha llegado con Integra y Chile Crece Contigo a contar con más de 20 alternativas diversas, a distancia, semipresenciales o presenciales, utilizando radio, TV, grabaciones de audio, videos y todo tipo de materiales didácticos, aplicados por educadores, familias, agentes de la comunidad y líderes culturales, entre otros.

Esta riqueza de programas educativos no formales y sus evaluaciones positivas hizo que las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, creadas en el Mineduc el año 2002, los incorporara como parte de sus orientaciones oficiales.

Dada la situación actual y quizás futura de incertidumbre en lo presencial y también asumiendo la dificultad geográfica de llegar a ciertas zonas, Chile debería preparar programas de este tipo en todos sus niveles y ser implementados por las instituciones educacionales reconocidas, de manera que tengan calidad y validez, siendo esta última la dificultad principal en el presente.

Es hora de trabajar en los programas no-formales, que pueden enriquecer incluso a los formales y fortalecerlos en cuanto a recursos renovados y atractivos.

Es importante agregar que, en estos tiempos de pensar una nueva Constitución, se debería incorporar con más fuerza la validez de estas otras formas de educar, que permiten que el Derecho a la Educación sea efectivo para todos, estén donde estén y desde que se nace.

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