¡Detente, Israel!

¡Detente, Israel! Estás transformando a tu enemigo en una hidra de mil cabezas y pierdes la autoridad moral con que alguna vez hablaste al mundo. No puedes vivir eternamente del Holocausto y por ello causar uno equivalente en otra nación.

Si aquel fue injusto, este también. Nada de lo hecho por Hamas, ni por ti, justifica los crímenes de guerra, ni de esa organización ni de tu Estado. Incluso la guerra tiene leyes: prudencia, proporción, protección a los civiles, generar condiciones para la paz. Arrastras a la humanidad, lejana y cercana, en tu espiral de infierno.

Ahora más que nunca es necesaria la política, la diplomacia y dos Estados que vivan en paz, para que no tengas, mañana, que responderle al mundo, que te pedirá explicaciones. ¡Detente, Israel!