En memoria del pastor Martin Luther King Jr., lema para tantas luchas de la humanidad, y sobre todo ahora con la encíclica del papa León XIV, "Magnifica Humanitas", y su viaje por España, que corre una sostenida brisa cálida de aliento y de esperanza por las entrañas de todas las personas de buena voluntad.
Decenios al interior de las cárceles, no he perdido nunca el fuego y la energía que me ha llevado por verdes praderas hacia la paz y la luz. Nada ha sido más potente y claro, en mi fuerza física, espiritual y mental, que la causa de los perdidos en las cárceles y en las veredas de caminos olvidados.
Cómo explicar el susurro de Dios del que he sido víctima por casi 50 años en la ruta de la misteriosa opción preferencial por los pobres y los estigmatizados. Acostumbrados al maltrato y a la indiferencia, el hábitat, entre concertinas afiladas y barbarie brutal, hablan de la cultura de los de afuera que se enquista por acuerdos silenciosos.
¿Cuánto negocio y enriquecimiento ilícito detrás de esa muerte lenta? Por eso, y precisamente por eso, y aprovechándome del peregrino de Roma es que también "yo tengo un sueño".
Que vean mis ojos en lugar de tanto hierro y violencia cárceles tapizadas de pasto fértil, entre arroyos y rosales blancos. Un cielo azul sin techos bajos y pisos putrefactos como celdas de castigos. Educación y trabajo en lugar de la ignorancia y el ocio. Manos extendidas en vez de los sables y los palos.
Risas de niños sin gritos y amenazas de guardias. Árboles frutales, en sus ramas, con trinos que limpian el alma. Oratorios y cristos que remienden los desgarros de sus carnes mutiladas.
Personas tocadas por el amor que muestren al "Hombre" que murió por ellos. Cristianos que proclamen la misericordia y la bondad sin fin. En los interiores de sus muros transiten los diálogos y los encuentros.
Fuerte y clara la voz del creyente que denuncia las atrocidades y el salvajismo. La extinción del hacinamiento conducente a la abominable inmoralidad.
Judicatura proba y responsable, lejos del personalismo, de intereses personales y de la autocomplacencia. Infraestructuras a la medida de lo humano, y todas sus necesidades, no como aquellas con olor y sabor a campos de exterminios. Que el gobierno actual tenga la gracia de Dios para captar profundamente el mensaje de su santidad.
Que pueda nacer la primavera de la rehabilitación y de la vida nueva. Entonces y solo entonces podremos ver a la justicia y a la paz, a la seguridad y a la confianza despuntar y crecer en la puerta de mi vecino.