No nos olvidemos de Quintero y Puchuncaví

Ocurre todos los días y así ha sido desde hace décadas.

Fue noticia de titulares y por diversas razones fue quedando en segundo plano.

En Quintero y Puchuncaví claman por no ser olvidados y, con justa razón. Es que la contaminación continúa y son los más vulnerables - niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas - los más afectados, en un espiral que no puede ser invisibilizado.

Hagamos memoria. Durante los años 60’ las chimeneas fueron símbolo de progreso, de estabilidad. Las autoridades y los habitantes aplaudían y celebraban la instalación de estas industrias. Mientras más humo saliera de ellas, más producción y más ganancias.

Los tiempos han cambiado, se ha tomado conciencia que proteger el medioambiente es fundamental para la vida, ergo se debe compatibilizar la actividad económica con el cuidado del planeta.

Durante los últimos 50 años la chimenea de Enami Ventanas (hoy Codelco) ha emitido gases al ambiente en la zona de Quintero y Puchuncaví. Con el correr de los años se fueron incorporando más industrias hasta llegar a conformar un cordón industrial que en la actualidad reúne a 19 empresas, que en su conjunto han generado empleo, pero han mermado la calidad de vida de sus habitantes, destruyendo la agricultura, la ganadería e incluso la pesca y el turismo.

A fines de agosto, de manera reiterada, fuimos testigos de cómo se producían intoxicaciones masivas en Quintero y Puchuncaví. Sus vecinas, vecinos, jóvenes, niñas y niños llegaban por cientos hasta los recintos asistenciales de la zona con vómitos, ahogos, desmayos.

Las autoridades de gobierno se apresuraron en culpar a Codelco Ventanas, empresa estatal de la zona, la cual desde un primer momento se defendió con argumentos, con estudios externos. Poco a poco, nos fuimos enterando del manejo que hasta ese entonces tenía el control de las emisiones: estaba a cargo de las propias empresas.

A lo anterior, se debe sumar el plan de descontaminación que fue rechazado por la Contraloría por el simple hecho que no descontaminaba. Tampoco existen normas para medir y controlar la contaminación del suelo y  de las aguas.

Existe una preocupación fundada por evitar las zonas de sacrificio en todo el país, pero para eso debemos ocuparnos y preocuparnos, de manera moderna, eficiente y cuyo centro sean las personas, de poder hacer convivir el progreso industrial y económico con el de las comunidades en las cuales están emplazadas las industrias.

La responsabilidad social empresarial no es construir plazas, regalar camisetas de fútbol o alguna fiesta de navidad para los vecinos (recordemos que en Quintero no pudieron celebrar Fiestas Patrias por encontrarse en alerta amarilla), la responsabilidad de las empresas debe estar centrada en bajar sus emisiones, en cuidar la salud de sus empleados, que en su mayoría son sus vecinos, y de sus familias.

Las medidas del Gobierno fueron tardías, aunque no debemos culpar sólo a este Gobierno por lo que está pasando, porque es una suma de años en que se dejó a la comunidad en el olvido, pero ha servido para sensibilizar y poner en la palestra un tema que por años los vecinos de Quintero y Puchuncaví han debido soportar y convivir con vecinos de no muy buen vivir.

Esta crisis ambiental es la gran oportunidad de comenzar hacer bien las cosas. Con planes sólidos de descontaminación, estandarizar las normas de emisiones a las establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), establecer normas para suelo y agua, buscar e imitar ejemplos exitosos de descontaminación en el extranjero.

La tarea no es fácil, hay que luchar contra 50 años de permanente y sostenida contaminación, pero es el momento de revertir esa situación y no establecer normas a la “chilena”, como lo establece el actual plan de descontaminación presentado por el Gobierno de Sebastián Piñera, que no estandariza las normas de emisión a ninguna norma internacional.

Es tiempo de tener un ministerio de Medioambiente robusto, con presupuesto, no con tres fiscalizadores para toda la región, que pueda tener poder resolutivo y sancionatorio, que trabaje en forma coordinada con el ministerio de Salud, no en paralelo.

Es tiempo para que el humo de la chimenea se acabe, pero con tecnología. No se trata de cerrar las empresas, lo que generaría una cesantía nunca antes vista en nuestra región y en nuestro país, sino que es necesario mejorar la calidad del proceso productivo y así evitar más episodios de intoxicación, más muertes por diferentes tipos de cánceres, más personas con enfermedades respiratorias crónicas y así poner fin a las zonas de sacrificio.

¡No nos olvidemos de las zonas de sacrificio!

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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