Altamente recomendable no restarse

Estamos a pocos días del domingo 21 y muchos consideramos, repitiendo cual mantra, que esta es la elección más importante desde 1990. Por cierto que participar en un acto electoral es de suma importancia para la comunidad en la cual estamos insertos, y es parte de las formas que tenemos de realizar un accountability cada cierto periodo de tiempo a nuestras autoridades, pero qué duda cabe que existen muchas otras variables que hacen de esta un hito sin antecedentes.

Observemos la elección presidencial y parlamentaria bajo dos visiones, una retrospectiva y otra prospectiva. En el primer caso, debemos reflexionar si lo que viene ocurriendo desde un poco antes del 18 de octubre de 2019 y muchos hechos posteriores pudieron ser afrontados de otra forma, en un gobierno distinto al actual. La crisis social y política no fue ni por cerca gatillada por esta gestión, sin embargo ayudó bastante a que los ánimos se caldearan. No hay que olvidar las frases célebres de muchos ministros, como Felipe Larraín sobre que la baja del precio de las flores, o de Juan Andrés Fontaine, viendo como un beneficio para las personas que madrugan el alza de los 30 pesos en el Metro.

Hechos que marcaron puntos de inflexión en un ambiente que ya estaba enrarecido. Otro ejemplo, desde una visión retrospectiva, una vez ocurrido los lamentables hechos con quemas a distintas estaciones de Metro, así como saqueos y otro tipo de situaciones sin antecedentes para Chile, debemos cuestionarnos si otro Presidente habría utilizado la frase "estamos en guerra contra un enemigo poderoso", o que se haya demorado tanto tiempo en responder con una denominada "Agenda Social", sin tocar en profundidad el modelo que era tan cuestionado, y por último, estirar el elástico para proponer un cambio de Constitución a pesar de las insistencias de gran parte de los sectores incluyendo el suyo.

También es importante pensar qué habría pasado si algunos congresistas hubiesen decidido sentarse a la mesa y acordar desde un inicio paquetes robustos de apoyo a las personas en pandemia, sin tener que optar por la decisión más sencilla como lo fueron los retiros de los fondos de pensiones. Peor aún, que habría sido si no insistieran por una cuarta vez en utilizar aquellos dineros bajo el argumento que así se acabarán las AFP, teniendo en cuenta que siempre tendremos las personas necesidades infinitas y que aunque sea nuestro dinero eso tendrá consecuencias a corto plazo, como lo es aumentar la inflación, y al largo plazo, con la caída inevitable de nuestras pensiones.

La segunda visión ahora mirando hacia el futuro, un futuro no muy lejano claro está. Debemos reflexionar quién se encuentra mejor capacitado para afrontar escenarios económicos complejos, pero teniendo como base una crisis de confianza en las instituciones de todo orden, el cuestionamiento constante a nuestro modelo de desarrollo y las bases sobre las que están instalados, entre otras cosas, nuestros modelos de pensiones y de salud. No sólo eso, sino también pensar en que el próximo gobierno coexistirá con la parte más compleja del trabajo que tiene la Convención Constitucional, que hoy parece una taza de leche pero que desde enero comenzará su etapa sobre el debate de fondo. Por tanto resulta no menor darle una vuelta más al tema de si ir a votar o no, y por quién hacerlo.

Ha sido una campaña con altos grados de incertidumbre, han pasado diferentes cosas que son particulares. Los candidatos que hoy lideran las encuestas de opinión -que también se encuentran cuestionadas, sin duda- no son parte de los conglomerados históricos, los cuales han liderado los tan satanizados 30 años. Por otro lado, nosotros mismos nos hemos transformado en un electorado cada vez menos leal con las opciones políticas. No hay que ir tan lejos para conocer casos que pasaron desde Beatriz Sánchez a Sebastián Piñera el 2017.

Con todo, es una elección de alta importancia para el futuro del país, y no es recomendable restarse. Puede que las opciones que ofrezca el mercado electoral no sean las óptimas, ni generen la mística del plebiscito de octubre de 2020, pero lo que está en juego es mucho para mantenerse al margen.

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