Cambio en el equipo

  • Co-escrita con Pedro Browne, coordinador general del comando de Sebastián Sichel

 

Por mucho tiempo hemos visto siempre a los mismos jugadores, quienes fueron envejeciendo, ganando peso, canas y arrugas. Pero ahí estaban, durante décadas, jugando todos los partidos, sin hacer cambios. No les importó que su hinchada -cada vez más descontenta con su rendimiento- abandonara tempranamente el estadio.

Tampoco dieron espacio a nuevas figuras de las inferiores que introdujeran juventud, renovación y aire fresco. Sólo permitieron el ingreso de sus amigos. No estamos hablando de un equipo de fútbol o de la selección nacional. Es la clase política en su conjunto la que no le ha dado tiraje a la chimenea de nuestra democracia.

Las chilenas y chilenos ven a la élite política defender su propio interés, apernados en los cargos durante demasiado tiempo, ensimismados en luchas de poder y alejados de las necesidades de la ciudadanía. Por ello, no es de extrañar que el público dejara de apoyar a sus equipos, llevándolos a alejarse de los estadios, incluso para no volver. Hoy solo el 3,4% de las personas milita en algún partido político y en la última mega elección apenas el 43% se movilizó para participar de ellas.

Frente a este escenario, los partidos políticos cerraron aún más sus puertas, apostando por los denominados "viejos cracks" o "goleadores históricos" de 1999 y 2005 para revertir los malos resultados. Sin embargo, equivocan el camino. Su fútbol dejó hace tiempo de atraer a la gente. Hoy los chilenos exigen un cambio de estilo y de nombres, dejando atrás el ritmo cansino para dar paso a un juego moderno y dinámico, que sea capaz de hacerse cargo de los actuales desafíos.

Si los partidos insisten en la lógica del pasado y no dan cabida a las nuevas generaciones y tampoco a los independientes, establecerán las condiciones necesarias para que Chile sea dirigido por un populista o un director técnico de izquierda radical, que probablemente cambiará a su antojo las reglas del juego, sin importar la historia que este tenga. Es decir, no respetará la democracia ni la libertad de los chilenos.

Por esta razón, el partido que se jugó el 15 y 16 de mayo nos demostró que con los mismos jugadores (candidatos) y la estrategia de los últimos 30 años no llegaremos a ninguna parte. Con humildad y responsabilidad, las viejas figuras deben dar un paso al costado, para que nuevos liderazgos, como el independiente Sebastián Sichel, puedan dirigir a nuestro país y enfrentar de mejor manera los desafíos sociales e institucionales de este nuevo Chile.

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