¿Cómo saber si somos progresistas?

Nuestra identidad política se ha discutido en la cultura occidental desde categorías tales como conservador-liberal, izquierda-derecha, democrático-autoritario. Pero en un mundo complejo, en crisis permanente (y ahora planetaria), quizás esas categorías deban ser repensadas. En especial la categoría de progresista, etiqueta que se arroja el derecho de ser la solución a los problemas del mundo actual. En efecto, ser progresista hoy en día es un cliché político. Como tal, debe ser discutido.

Según mi punto de vista, una parte importante de la población lo define erróneamente. Para muchos, ser progresista consiste en ser de izquierda. Para otros, estriba en ser de derecha. Las razones son variadas. La constatación de la escandalosa desigualdad socio-económica y una democracia que la avala, servirá de excusa a los primeros. Constatar las dictaduras monárquicas a lo Corea del Norte o Cuba y el descalabro de regímenes como Venezuela, puede ser la excusa de los segundos. Pero toda definición por negación es poco útil.

Para la generación más joven, simplemente  puede significar opinar en todo igual que ellos, desde un hedonismo ignorante que crucifica la diversidad de opiniones que dicen defender. O incluso algunos, desde un ángulo diplomático, definen al progresismo como lo políticamente correcto. Otra versión de “nunca quedas mal con nadie”.

En 2017, los investigadores de la U. de Stanford Michal Kosinski y Yilun Wang, desarrollaron un algoritmo computacional que es más preciso que los humanos para detectar la orientación sexual a partir de imágenes faciales. En 2 segundos y con sólo una foto puedes saber cuál es tu identidad sexual, lo que nos abre a la posibilidad de que los dispositivos tecnológicos nos conozcan mejor que lo que nosotros mismos nos conocemos.

Quizás pronto esté listo un nuevo algoritmo para descubrir nuestra identidad política, lo que nos permitiría saber si realmente somos progresistas o conservadores, que conservan el status quo y son enemigos del cambio. A falta de éste, podemos identificar en las redes sociales y la discusión pública mediática ciertas características de la identidad política de la población.

Intentaré argumentar sobre algunas pistas para identificar al progresista. Me baso en el siguiente concepto: progresista es la persona a favor del progreso, entendido como la promesa que se desprende de las grandes revoluciones de occidente: la inglesa (1688), la norteamericana (1776), la francesa (1789) y la declaración universal de los derechos humanos (1948).

Esa promesa está respaldada con una montaña de evidencia e indica que el cambio puede ser positivo. Así, podemos decir también que, independientemente de las ideologías y partidos políticos, la conducta política progresista se orienta efectivamente a una política concebida como el vehículo para lograr crecientes grados de desarrollo humano integral, individual y colectivo, o dicho de otra manera, potenciando al individuo en contacto con su comunidad y fortaleciendo la comunidad con la particularidad del individuo. Creo factible defender esa definición como una construcción con cuatro orientaciones básicas, a saber, la persona progresista:

Posee un sentido de humildad y conciencia de nuestro poderío y de nuestra miseria como especie. Por ello, se conduce políticamente con prudencia y respeto hacia el medio ambiente, la flora y la fauna, y hacia nuestros iguales distintos, los seres humanos, genética, física, económica, social y culturalmente diversos. Esa sensibilidad permite vernos como tripulantes de una nave común, nuestro planeta. Por ello, la política científica y tecnológica, las artes y las humanidades son de vital importancia, para proteger el patrimonio común.

Practica el respeto mutuo y la tolerancia, pues sabe que la libre expresión de nuestras ideas sirven para resolver los problemas y hacen florecer la innovación social. Entiende que la política es imperfecta pues los seres políticos cometemos errores. Por ello posee una predisposición al dialogo, a los acuerdos y a la conciliación de las partes en conflicto, ya que el camino de la violencia siempre ha conducido a remedios peores que la enfermedad. Pero no busca la claudicación. Sabe que debemos defender con firmeza lo que consideramos correcto o moral, pues propone vencer convenciendo, favoreciendo a las mayorías y protegiendo a las minorías de la eventual dictadura de la mayoría. Por ello, aspira a una educación de calidad y gratuita para todos, único camino para desarrollar ese diálogo y toda práctica democrática.

Cree profundamente en la dignidad humana, en la responsabilidad hacia sí mismo y hacia la comunidad, pues no podremos desarrollarnos individualmente en un contexto social precario, donde las limitaciones se reproduzcan, impidiendo ese desarrollo. Una comunidad fortalecida produce personas plenas, que a su vez aportan a la plenitud de las posibilidades de desarrollo de la comunidad. Por ello, los progresistas son personas a favor del pago de impuestos, que es la manera de retribuir a la sociedad las oportunidades que brinda, y que mientras más favorecidas sean las personas, más impuestos deben pagar, sin descuidar el voluntariado, que consiste en emprender actividades comerciales, políticas o sociales a favor de la comunidad. Es la política que financia los derechos a la educación, la salud, la vivienda y las pensiones.

Finalmente, es progresista quien defienda el derecho a desarrollar libremente su personalidad, delimitada por el mismo derecho y libertad de los demás. El progresista cree en el imperio de la ley y en la justicia para todos.

Entonces, cuando vemos todas esas expresiones variopintas en las redes sociales, ¿cuál es la identidad política del que postea? ¿Será progresista o será conservador?

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