Continúa la violencia estatal

No se sabe si por creencia propia o para congraciarse con el Secretario de Estado, Mike Pompeo, que señaló la preocupación gringa por la aguda inestabilidad en America Latina, a la qué considera su “patio trasero”, el canciller Teodoro Ribera, declaró que en los días posteriores al 18 de octubre, es decir, junto con las multitudinarias manifestaciones contra la desigualdad que conmovieron el país, se registró “un tráfico desmedido de Internet”, desde “un país de Europa oriental” hacia Chile.

O sea, la falaz teoría de “la amenaza del Este” está de vuelta, por fin, después de tantas veces que se aludió al “enemigo poderoso e implacable” hay pistas concretas de su identidad. Ya se sabe su ubicación, está en las estepas de “Europa oriental”, falta que resuciten a Brezhnev y se rehace un enemigo a la medida del 11 de septiembre de 1973.

Es una deformación de los hechos que busca reponer la hipótesis de la guerra fría, pero ya no hay Unión Soviética ni Pacto de Varsovia y el muro de Berlín cayó en 1989, se trata de una ofensa a la inteligencia ciudadana o lisa y llanamente una tomadura de pelo.

Esta retórica empequeñece a la propia autoridad que las formula y ofende a quienes se han movilizado por un Chile más justo y contra la desigualdad, en particular, es una agresión a las víctimas y sus familias, a los y las personas mutiladas o que han sufrido duras golpizas, agresiones y abusos sexuales en unidades policiales, padeciendo prácticas que se pensaban erradicadas de nuestro país.

Se ha desnudado una dura violencia estatal, ejercida por carabineros, así lo indican los Informes de Amnesty Internacional, Human Right Watch y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 

En este contexto, resulta lamentable que la respuesta de Carabineros a Human Rights Watch intente tapar el sol con un dedo. Si no hay voluntad de investigar y reconocer los hechos significa que tampoco hay una real decisión de poner término a la desmedida violencia que se ejerce en contra de los manifestantes y de los abusos que se cometen contra las personas que son detenidas.

Por eso, no hay coherencia y fundamento en las afirmaciones de quienes dirigen el Estado llegando a desmentir y desconocer lo que el propio gobierno señaló, cuando sus voceros y representantes dijeron que el movimiento de protesta de millones de personas, por todo Chile, les había hecho “cambiar”. Esto es lo que no se ve ni se nota.

Así no se puede dejar de pensar que el gobierno en situación crítica se apresuró a decir lo que no creía y ahora, al tener un respiro, vuelve al insólito discurso de la guerra fría, útil para justificar que se trata de “una guerra” y validar la obsesión de Piñera.

Por momentos, parece que desde el pasado hablan los mismos gestores de la dictadura que publicaron el día del golpe militar el “plan Zeta”, redactado mucho antes.

Hay tantos casos en que está esa fraseología y manipulaciones siniestras como fue la virgen de Villa Alemana o el cruel asesinato del carpintero Juan Alegría, un montaje criminal para tapar la responsabilidad del régimen de Pinochet en el crimen del líder sindical, Tucapel Jiménez. Algunos deben pensar que no hay memoria histórica en Chile.

En tantas circunstancias revive la violencia verbal y física de agentes del Estado, Chile como nación vuelve a sufrir el impacto de golpizas, tormentos, agresiones y abusos sexuales, mutilaciones, muerte de manifestantes en que las explicaciones oficiales son imposibles de aceptar, de nuevo están en el centro de la escena los duros, intransigentes e implacables, resulta increíble que se repita tan funesta experiencia. Los responsables directos e indirectos hacen oídos sordos.

Esta semana, Angela Merkel, Canciller Federal de Alemania, ha dado una lección al mundo, especialmente, a la derecha chilena, al rendir tributo a las víctimas del Holocausto, señaló: “Recordar los crímenes, nombrar a sus autores y rendir un homenaje digno a las víctimas es una responsabilidad que no acaba nunca”.

Esto es lo que no paso en Chile, la derecha nunca asumió su responsabilidad, por eso, no hubo reconocimiento ayer ante el terrorismo de Estado de Pinochet, y no sucede hoy ante las flagrantes violaciones a los Derechos Humanos que se precipitaron sin contención sobre la ciudadanía que reclama un Chile más justo. En vísperas del Día Internacional de los Derechos Humanos es una vergüenza que así haya sucedido.

Tal vez, los residuos autoritarios, el negacionismo en materia de Derechos Humanos y los obsesionados con la “amenaza del Este” tienen más peso de lo que se creía y son los que prevalecen dentro del gobierno.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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