El Gobierno como el Titanic, salva primero a los ricos

Cuando en el Senado, a fines del mes pasado, se votó el proyecto de ley de “protección del empleo” la votación en general solo contó con dos abstenciones, la del senador Latorre y la mía. En la discusión del proyecto algunos señalizaron a la izquierda, pero doblaron a la derecha. Otras, como la senadora Van Rysselberghe, insistieron en que esto se votaba para poder apoyar a los  “emprendedores” y a las “Pymes”.

Cuando anuncié que me abstendría en este proyecto, acusé el entreguismo de la Cámara Alta, señalando que “el proyecto de ley es insuficiente, aquí todos se ponen de rodillas, en este Senado no hay capacidad política para negociar con el ejecutivo, la discusión apresurada forma parte de los abusos de este gobierno. El Estado está poniendo el peso en los trabajadores”.

Ese día, 26 de marzo, fue de especial indignación, ya que horas antes de esta discusión la Dirección del Trabajo había emitido el polémico dictamen que permitía al empleador suspender la obligación de pagar remuneraciones si la crisis sanitaria le impedía trabajar.

Luego de esto, el senador Felipe Kast me acusó de faltar el respeto por hablar de un “pinche proyecto”; pidió seriedad, como las que tendrían “otros senadores de izquierda”, planteó que mi postura era una pelea pequeña, y se preguntó cuando íbamos a tener algo de generosidad y unidad, que cuándo íbamos a dejar de criticar todo y caer en la “pelea pequeña”.

A menos de un mes de ese debate en la sala, podemos observar que las Pymes de las que hablaba Van Rysselberghe eran nada más y nada menos que Ripley y Cencosud, que la generosidad del senador Kast, era la generosidad de las y los trabajadores con los grandes empresarios, y que los que caíamos en peleas pequeñas y para la galería, solamente estábamos defendiendo a las y los trabajadores.

¿Qué ha significado la aprobación de este proyecto junto al dictamen de la Dirección del Trabajo?, que multinacionales como H&M anunciaran la suspensión de la relación laboral con sus trabajadores, y con ello, la suspensión de los sueldos. 

O que Ripley, empresa que acumuló más de 100.000 millones en ganancias el año 2019 y que incrementó sus ganancias en un 44,3% en relación con el 2018 (Fundación Sol), se acoja a la ley de protección del empleo, que más bien es una ley de protección de los grandes empresarios.

Algo similar hace otra millonaria empresa, Cencosud, que en un lenguaje que nos retrotrae a la “Neolengua” que señalaba George Orwell en su novela “1984”, a sus trabajadores les llama colaboradores; a una decisión tomada en una situación de poder le llama pacto; y a proteger su capital le llama “cuidar los ingresos de nuestros colaboradores”.

Otros, como Carlos Soublette, gerente general de la Cámara de Comercio de Santiago, son más duros y señalan que "no podemos matar toda la actividad económica por salvar las vidas".

Esta falsa dicotomía nos recuerda la discusión de la ley de protección del empleo, cuando se decía que era la pauperización o el desempleo, ahora se plantea que es la economía o la vida.

Pero esto ¡no es así!, las grandes empresas pueden más, el Estado puede más, como es el caso de Alemania, en dónde el gobierno para dar un crédito a la empresa Adidas, les pone como condición que no puedan repartir dividendos entre sus accionistas hasta que se venza el crédito.

No estamos frente a casos aislados, esto es una clara muestra de lo que la escritora canadiense, Naomi Klein, llamó la Doctrina del Shock, en casos del capitalismo del desastre.

El shock fue apelar a argumentos morales de necesidad extrema para poder aprobar un proyecto que está beneficiando a los grandes empresarios, o que el gobierno ingresara un proyecto para suspender la negociación colectiva, y que en los mismos días, se proponga limitar la autonomía sindical, en contra de las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

No deja de ser impresionante como los salvavidas sociales siempre terminan salvando a los más ricos, como en el Titanic, la primera clase tiene bote salvavidas, y los trabajadores deben ir a las aguas congeladas de la cesantía.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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