El sino autoritario de la derecha

La movilización ciudadana de antes, durante y después del 18 de Octubre, su impacto determinante en la situación nacional, en particular, en la realización del proceso constituyente, cuyo primer hito fundamental es el Plebiscito del 26 de abril próximo, obliga a las fuerzas políticas a tomar decisiones que marcarán su identidad por años y décadas.

El desafío país es de tanta proyección y envergadura que lo que hagan los Partidos definirá por largo tiempo su personalidad y perspectiva política, social y cultural y no podrán luego desentenderse de lo hecho o dejado de hacer.

Lo que se juega es alcanzar una nueva institucionalidad democrática, basada en el valor primordial del gobierno de la mayoría respetando la minoría, o de lo contrario, la perpetuación de los resortes institucionales que consagran los intereses de una minoría que somete a la mayoría, y que cuando lo requiere puede recurrir a la violencia estatal para eternizarse en el poder.

Esa perenne raíz violenta, excluyente, es el sino de la derecha económica y política, que la insertó en la médula de la Constitución del 80. El desafío civilizacional es lograr sacar con un gran apoyo nacional ese lastre anti democrático de la institucionalidad, porque la paz social está unida inseparablemente a la gobernabilidad democrática que otorga al régimen político el respaldo de la mayoría.

La historia es contundente, no podrá ser estable aquel régimen político opresor en que la minoría impone sin contención alguna sus intereses a la mayoría, incluso asolando el territorio del país con una explotación irracional de sus recursos. Así podrá suceder temporalmente, con gobiernos represivos o dictaduras aberrantes, pero la estabilidad democrática tiene como condición el gobierno de la mayoría, no para oprimir sino que para hacer posible el ejercicio de la libertad y la justicia.

La derecha política ya lo vivió con la dictadura al ser parte del plan liberticida, de concentración económica y exclusión social haciendo uso del terrorismo de Estado, no escaparon nunca más de la responsabilidad política por esa decisión, comprometidos en crímenes atroces y la violacion sistemática y reiterada de los Derechos Humanos.

Ahora, insisten en seguir por esa ruta envilecida y los viejos pinochetistas de ayer se unen con los ultraconservadores de hoy en defensa de la Constitución autoritaria que los reagrupa.

La misma que se impuso sin registros electorales, bajo férreo control militar, con uniformados presionando directamente en los locales de votación, en un clima de sistemática violación de los Derechos Humanos y uso del terrorismo de Estado.

Se trata de un anacrónico andamiaje autoritario que ya no sirve a Chile, que fractura el país y lo polariza generando una crisis de gobernabilidad sin precedentes, aún así dejan viejas diferencias, se reponen antiguos caudillos dueños de fortunas y posesiones que entre ellos se envidian, pero se rejuntan para salir a batir lanzas por esa vetusta armazón institucional que les dio poder y riqueza, aunque por ello es el símbolo de su opulencia como también de sus crímenes de Estado.

Como si toda la inmoralidad política anterior no bastara, el rechazo del ex Presidente Frei Montalva, que no pudo ser acallado en las semanas previas al Plebiscito fraudulento del año 80, fue castigado por la dictadura en enero de 1982, causando su muerte, inoculándole sustancias químicas aprovechando una operación habitual de la que no sobrevivió al ser envenenado.

De nuevo encaramos un reto histórico entre opresión y justicia, autoritarismo neoliberal versus reformas democratizadoras. Las definiciones de largo alcance que se decidan y las responsabilidades respectivas no se podrán ocultar a las generaciones futuras, tal vez, alguno las pueda encubrir o tapar por cierto período, pero a la larga no se borrarán jamás.

Se trata del reemplazo de la Constitución del 80 por una nueva Carta Fundamental, nacida en democracia, que oriente la nación hacia la justicia social, la paridad de género, el reconocimiento de los pueblos indígenas y la sustentabilidad ambiental, forjando la gobernabilidad con la participación ciudadana y no desde la exclusión y la desigualdad extrema como sistema de vida.

Ante ello, rebrota el gen autoritario inserto en la médula de la derecha chilena. De allí, de ese ultra conservadurismo surge el afán del grueso de la UDI, del neofascismo de Kast, de un sector de RN y la casi totalidad de la derecha económica que se articulan para la defensa de la Constitución del 80, incluso ahora ponen en duda que haya condiciones para el Plebiscito del 26 de abril, con ello denotan la ausencia de todo límite en su conducta política.

Ahora guardan sus diferencias, su objetivo es prorrogar el orden económico concentrador y autoritario que se instaló bajo el mando de Pinochet. El “llamado de la selva”, el sentido oligárquico es más fuerte, por eso, se sacan la careta personeros reaccionarios de hoy que se presentaron como aperturistas ayer. Son camaleones carentes de principios, su compromiso real es la defensa de los intereses económicos corporativos que generan la desigualdad.

Muestra de ello es la reciente votación en el Senado del proyecto que consagra las aguas como bien de uso público, moción que ganó 24 votos a 12. Sin embargo, fue rechazada por efecto de los quórums que hacen de una clarísima minoría la mayoría. Así son protegidos los intereses oligárquicos en la Constitución del 80, hasta lo absurdo y lo aberrante.

En el caso de las aguas pueden secar el país y desertificar el territorio nacional, no les importa. No es casual que 7 de 8 senadores de RN, unidos a esos intereses mezquinos decidieran votar por el rechazo a una nueva Constitución, en el Plebiscito del 26 de Abril, y también llegado el momento no trepidaron en recurrir a la más feroz dictadura para asegurar esos oscuros privilegios.

Así queda claro, una vez más, que el empuje al desarrollo nacional y la edificación de la gobernabilidad democrática ha sido, es y será fruto del esfuerzo histórico de las fuerzas de izquierda, centroizquierda, centro y sectores –minoritarios - de derecha con vocación democrática, sus luchas lograron superar los obstáculos de quienes creen que en su peculio está el interés nacional.

En el engranaje que mueve a la derecha permanece inamovible la teoría del chorreo, que la distribución se producirá una vez que la concentración de ingresos llegue a un punto tal de saturación que “rebalse” los diques de acumulación y se extienda a otros “segmentos” sociales. Como sabemos este criterio conduce a una súper explotación de los trabajadores, sin precedentes.

Desde la izquierda, incluido el centro, hasta la vertiente liberal, que no cayó en la posición reaccionaria del neoliberalismo, se han forjado los espacios políticos, sociales, culturales y la institucionalidad democrática necesaria, frente a los núcleos excluyentes del poder oligárquico y financiero cuyo eje de sustentación es la derecha chilena, adversario permanente de un Estado social y democrático de derechos, que garantice la dignidad y la justicia que hoy la civilización puede dar al ser humano.

A los mártires de ayer se suman los de hoy, sobretodo de los jóvenes manifestantes que al bregar por un Chile solidario, justo, renovado profundamente en la esencia de su ser democrático, tuvieron como réplica la criminal acción represiva del Estado representando el viejo cuño autoritario de la derecha, matándoles o amputándoles en forma irreparable.

Ahora la bandera de la democracia chilena lleva también el rojo de su sangre generosa, como potente fuente de energía para la formación de un nuevo Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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