En la decadencia del binominal, falta la otra mitad

A propósito de la campaña “Más mujeres al poder”, liderada por diversas y representativas organizaciones (Corporación Humanas, Centro de estudios de la Mujer (CEM), Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM), Corporación La Morada, Fundación Dialoga, Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH) y el Observatorio de Género y Equidad), la cual cuenta con el patrocinio de ONU Mujeres y Oxfam, es importante poner en el debate las deficiencias institucionales para la inserción política de la mujer en Chile, privándoseles de las esferas decisionales del poder público.

Los obstáculos presentes en el sistema político chileno que involucran la inclusión gradual de las mujeres a las diferentes esferas decisionales del poder obedecen a algo que ha estado presente en la agenda durante las últimas semanas.

Tiene una gravitante incidencia el sistema electoral binominal en esta postergación, pero también, y lo que no es menor, el actuar de los partidos políticos, la inexistencia de medidas de afirmación positiva, así como del financiamiento a la actividad política, y del cómo se transforman en desafíos para la gobernabilidad democrática del país, más allá de la sub-representación femenina.

Es por ello que las cortapisas de la inserción de la mujer a la política pueden explicarse desde lo procedimental, en como las barreras político-institucionales presentes en el sistema político chileno, constituyen un desafío a superar para mejorar las condiciones de la gobernabilidad democrática, puesto que la capacidad política de las mujeres, en cuanto sujeto colectivo, no tiene correspondencia con la respectiva representación política, sea para cargos electivos en lo principal, como también para aquellos de designación.

La situación de la mujer en Chile, a objeto de su inclusión y participación política plena, se encuentra limitada por factores político-institucionales. Aun cuando se encuentran presentes progresos simbólicos y circunstanciales, más no establecidos y permanentes, éstos afligen el fortalecimiento democrático del país.

Se está en presencia de un orden político-institucional complejo y contradictorio, algo que no sólo relega a las mujeres a niveles de sub-representación, sino que más bien las invisibiliza, obstaculizando cierta autonomía, lo que es equivalente a que no sean consideradas como un sujeto político concreto.

Se está en presencia de una exclusión, algo que no es explicable exclusivamente por la política, sino por cuestiones históricas y socioculturales.

La política, en cuanto actividad, desde su fase clásica a moderna, forma parte del dominio público, que en su origen excluye a la mujer, relegándola al espacio privado, restándola de las esferas de decisión. Mientras que el estatus de ciudadanía les es lejano, el voto parecía un imposible.

Aun cuando hoy la evolución y los cambios sociales hayan avanzado en la senda correcta, siguen presentándose obstáculos y limitantes, plasmándose en el hecho de que la política mantenga fuertes desigualdades de género.

Estamos en presencia de una alerta que presenta un rasgo de la democracia actual, en cuanto restringir la inserción y la representación política de la mujer, desde los partidos políticos, el sistema electoral y las condicionantes socioculturales.

Como se indicara inicialmente, el sistema electoral, para cargos de elección popular, en específico para escaños legislativos, tiene un factor de preponderancia en el acceso de la mujer a la política.

La relevancia que tiene el tipo de sistema electoral constituye un predictor, lo que para efectos de un sistema de tipo binominal como el chileno, en conjunto a variables de otro tipo, indica desde ya una presencia reducida.

No cabe duda de que es la proporcionalidad del sistema la que otorga una relación más favorable para la representación efectiva de la mujer en política, vinculando siempre al tipo de distrito o territorio del cual se trate, sumado a los comportamientos electorales y condicionantes de elegibilidad, los que también tienen importante incidencia.El sistema electoral es lo principal, lo que es equivalente a ser identificado también como el principal desafío para la gobernabilidad democrática.

Las medidas de cuotas especiales tratan acerca de instrumentos específicos para dar garantía de una composición igualitaria, o bien medianamente mínima, de los géneros en la esfera decisional de que se trate, las cuales garantizan pautas de acción, que orientan a los partidos políticos acerca de la inclusión de mujeres, así como también a otros componentes de la institucionalidad política.

No obstante, es imprescindible evaluar el funcionamiento que las medidas de cuotas especiales tengan, lo cual va a estar determinado por la eficacia de la normativa, en cuanto hacerla cumplir por los organismos respectivos, así como en la forma de aplicación de la misma a razón y sentido que la norma tenga, sea para la nominación de candidaturas, o bien para la reserva de cupos específicos.

Respecto a este último punto una disposición más severa sería no sólo requerir un determinado número y/o porcentaje de mujeres, sino que el tipo de candidatura, sea en posición y/o privilegio en la lista, le asegure condiciones de igualdad en la competencia o garantía de ser electa.

No cabe duda de que Chile adolece en su democracia, algo que va más allá del rendimiento electoral, subyacen falencias en cuanto al ejercicio democrático propiamente tal, haciendo urgente la necesidad de que el sistema político chileno, basado en una democracia representativa, vaya en la dirección correcta, respecto de sus fines naturales, originales y propios, entendiendo el ejercicio amplio de la ciudadanía, en un plano de igualdad de oportunidades y cohesión social.

Necesariamente se debe profundizar en una serie de reformas políticas, de la calidad de la política, sea en la existencia de un sistema electoral honesto con la voluntad popular, revitalizando los partidos, como fieles canalizadores de intereses y manifestaciones de la sociedad, así como con un adecuado financiamiento público a la actividad política, no sujeta a interés económico alguno que la haga reclusa y al servicio de unos pocos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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