Fracaso de la Lista del Pueblo, una oportunidad

Los hechos ocurridos con La Lista del Pueblo no pueden poner contento a nadie, porque ubican a una de las colectividades más relevantes de la Convención Constitucional (CC) en entredicho, por ende, afecta directamente al órgano principal del proceso constituyente.

Nadie puede sacar cuentas alegres de lo ocurrido ya que, si LDP tuvo éxito, fue debido a la escasa función que tienen hoy los partidos políticos para interpretar, representar y canalizar -como diría Sartori- las inquietudes de la sociedad. Sin embargo, si bien no es un motivo para festinar, sí lo es para creer que podría existir una oportunidad en la búsqueda de acuerdos dentro de la CC.

El grupo de LDP tenía una importante adhesión ciudadana, se presentó como independiente y su relato se instaló como una respuesta a los grupos que vienen protagonizando la política desde el retorno a la democracia. Su importante rendimiento electoral lo instaló como la tercera fuerza de la Convención, encontrando adhesión en grupos de electores que tradicionalmente votaban en las elecciones, llamando la atención tanto de partidos con trayectoria y también de analistas, ya que se introducía en el escenario un nuevo actor.

Esto derivó a una serie de análisis sobre el comportamiento posible de este grupo que a primera vista parecía sólido, pero que tenía entre sus miembros una importante heterogeneidad. Por su parte, los partidos -como el Comunista y otros del Frente Amplio- fueron rápidamente a congraciarse con ellos; tanto así que diseñaron un proyecto de ley para que independientes pudieran formar listas ahora en la próxima elección parlamentaria. Finalmente, fue un grupo que por semanas logró permear además de la agenda pública, con sus lógicas incidieron de manera clara a la propia Convención, donde forzaron una tercera votación para elegir al vicepresidente e instalaron en las coordinaciones de las comisiones a varios de sus convencionales.

La Lista del Pueblo gozó por un largo tiempo de buena salud, siempre tratando de poner sus propios temas y dinámicas, algo que trajo muchas veces problemas para la búsqueda de diálogos y puentes entre los distintos grupos.

Hoy, ese grupo tan influyente, en pocos días y por distintos hechos que no son objetivo de analizar acá, se termina. Es un hecho que LDP era integrada por algunos miembros que poseen dentro de la Convención posturas de las más extremas, y esa era sin dudas su gran particularidad. Ahora que este colectivo pierde relevancia, a tal punto de desaparecer, trae como resultado el surgimiento de más canales de diálogos y acuerdos. La adhesión ciudadana de este grupo ya no es la misma y los actores como agentes individuales se diluyen en el grupo. Ahora tendrán que optar por moderarse o extremar aún más sus posiciones quedando relegados respecto al conjunto.

Con todo, es importante decir que el fracaso de La Lista del Pueblo no garantiza ni significa el éxito de los grupos tradicionales, al contrario. La ciudadanía depositó su confianza en un grupo nuevo y que transmitía ser más parecido con lo que muchos llaman "el ciudadano de a pie", pese a esto, al poco andar cometieron similares errores de "los mismos de siempre".

Lo último no nos dice que las personas depositarán ahora su confianza en los partidos tradicionales, pueden surgir nuevas Listas del Pueblo que pongan nuevamente en aprietos al establishment.

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