La babosa cola de mono

La inteligencia artificial, más allá de constituirse en una herramienta extraordinaria para el avance de la humanidad, con su uso en el día a día, además del ocio, tiende al engaño. Las redes sociales, por ejemplo, se han llenado de videos de criaturas mitológicas y, ante la ausencia de inteligencia real, mucha gente llega a creer que son reales. Muchos creen hoy en día que los videos de hadas, duendes, fantasmas y derechistas buena gente son reales. Esta dicotomía es compleja, pues distinguir lo real de lo falso está a un clic de distancia para contrastar los hechos(1).

Hace algunos días me sorprendió un video de un animal que parecía una mezcla entre un murciélago y una oruga, y que perfectamente podía haber sido una creación de inteligencia artificial(2). Pese a lo irreal, este insecto era una oruga conocida como babosa cola de mono (Phobetron pithecium), y que, en esa maraña de estructuras, desarrollaba su principal mecanismo de defensa: pelos urticantes. Su apariencia, por otra parte, me recordó los mecanismos de otros insectos: tratar de parecer otra cosa, confundirse con el entorno o imitar a otra especie, lo que en la naturaleza corresponde a un mimetismo, o lo que podríamos llamar engaño, que puede significar la diferencia entre convertirse en comida o seguir vivo.

Los seres humanos tampoco somos ajenos a la mentira y el engaño. Ocultar parte de la verdad o modificarla puede, en determinadas circunstancias, sin ser neófito y creyendo en ciertas definiciones que vi en la red, constituir un mecanismo de autoprotección, de adaptación social o de evitar conflictos. El problema surge cuando la mentira deja de ser una herramienta ocasional y se convierte en una necesidad permanente.

Pero existe una forma de mentira mucho más interesante: aquella que no necesita ser creída por todos, sino solamente por los suficientes para alcanzar el 50% más uno, por ejemplo. La mentira política funciona así: genera una necesidad inventada con una solución inexistente pero bombástica. Esta mentira construye una imagen lo suficientemente convincente como la de un gobierno de reconstrucción, o una megarreforma que llega cuando la economía chilena atraviesa un escenario de contracción y fuertes señales de debilidad. Los ataques coordinados mediante bots que marcaron su campaña, ahora nos bombardean en redes sociales y, podría convencernos, por ejemplo, de que la babosa es un mono. Al final una mentira mil veces dicha, se convierte en una gran verdad(3).

Y aquí llegamos a José Antonio Kast. Durante su campaña presidencial nos regaló una versión bastante sofisticada de esta estrategia del engaño, realzada por inteligencia artificial: bots para atacar a sus oponentes, enemigos convenientemente construidos y videos de menos de un minuto en los que se podía decir prácticamente cualquier cosa sin dar demasiado tiempo para preguntarse qué había detrás y vendiéndonos una imagen de proactividad y capacidad de resolver todos nuestros problemas. Su estrategia no buscaba solo ocultar la verdad, sino disfrazar una intención bajo una apariencia aceptable, ya que una mentira dicha mil veces, se convirtió para algunos en una verdad. Algo así como las cifras de su reciente Cuenta Pública(4).

Y, frente a esto, pocas palabras son más eficaces que "seguridad". Por cierto, ¿quién podría estar en contra de vivir más seguro? Pero ¿quién más seguro, un escolar para ver sus mochilas o quién financia negocios corruptos para no ver sus cuentas bancarias?

El problema comienza cuando, en nombre de la seguridad, se empieza a justificar la concentración de poder y a ampliar las facultades del Presidente de una manera que puede terminar afectando precisamente aquello que una democracia debería proteger. En esto, la historia debería servirnos de advertencia. Hitler tampoco llegó al poder anunciando que destruiría la democracia. Habló de orden y seguridad. Después del incendio del Reichstag, se restringieron las libertades y, pocos meses después, la Ley Habilitante permitió al gobierno legislar sin la aprobación efectiva del Parlamento(5).

La comparación histórica no pretende afirmar que toda política de seguridad conduce inevitablemente a una dictadura. La advertencia es otra: las democracias también pueden erosionarse cuando, bajo el argumento de una amenaza excepcional, se normalizan poderes excepcionales. José Antonio nos quiere vender una ampliación considerable del poder presidencial y de las facultades excepcionales, algo que quedó demostrado al aprobar una reforma a todas luces nefasta para el país, solo por tener el 50 más uno de los votos. Esta evidencia, sumada a una personalidad política que, a mi juicio, presenta rasgos peligrosamente mesiánicos y ha transformado La Moneda en una sala de mitologías abrahámicas, tratará de disfrazarse de seguridad para todos.

En la naturaleza, algunos individuos recurren al engaño para sobrevivir, como los palotes, algunas orugas, escarabajos y mariposas que se disfrazan para evitar ser depredados(6), en lo que se conoce como un mimetismo defensivo. Otros, en cambio, se disfrazan para acercarse a sus presas(7), un proceso llamado mimetismo agresivo. El engaño funciona en ambos sentidos: para esconderse o para atacar(8). La pregunta final no es menor, no es solo quién se disfraza y engaña, sino cuál es el tipo de mimetismo de este engaño.

(1) Cómo los mentirosos crean una ilusión de verdad y cómo evitar caer en su trampa
(2) Aunque parezca una criatura creada por inteligencia artificial, esta oruga es real y recibe el nombre de BABOSA MONO
(3) Miente, miente, que algo queda: un escrito acerca del discurso como herramienta del poder
(4) Denuncian a José Antonio Kast por cifras que dijo en cadena nacional: "Entregó información falsa"
(5) ¿Cuánto sabes sobre el ascenso de Hitler al poder?
(6) Mimetismo y camuflaje en los insectos
(7) Los insectos ya se camuflaban hace 100 millones de años
(8) Mimetismo agresivo