La Memoria Histórica no podrá ser destruida

El 5 de octubre de 1988 cambió la ruta que seguía el país, las fuerzas democráticas al derrotar a Pinochet en el Plebiscito realizado ese día lograron iniciar el largo proceso de restablecimiento de la democracia e impedir la perpetuación institucional de la dictadura.

En efecto, en el caso de imponerse Pinochet la recuperación de la democracia habría quedado pendiente en forma indefinida, el dictador se hubiera asegurado el control del país y de las instituciones castrenses, permaneciendo la dominación totalitaria que practicó desde septiembre de 1973, que sólo fue remecida por la crisis económica y social del periodo 83-86, cuando potentes movilizaciones de protesta pusieron en duda su estadía en el poder, la que el terrorismo de Estado había convertido en incuestionable.

El propósito de la perpetuación no era sólo el placer de los oropeles del mando y los repulsivos halagos que le prodigaban los generales más obsecuentes y los serviles funcionarios que le rodeaban, como los empalagosos alcaldes designados y otros burócratas de aceitada incondicionalidad, un conjunto variopinto de cazadores de dinero fácil, que se enriquecían gracias a las designaciones y prebendas que hacía el dictador de quienes más le adulaban en sus eventos de autocomplacencia.

Además, en su entorno se movían enormes intereses económicos que pugnaban por el botín de las privatizaciones que traspasó un patrimonio incalculable a un puñado de los tecno burócratas del régimen, y al grupo de ideólogos de ultraderecha liderados por Jaime Guzman, cuyo objetivo estratégico, de irreductible carácter anti democrático era la exclusión institucional de las fuerzas de izquierda y la imposición de una democracia bajo tutela militar, es decir, un blindaje castrense preparado para legitimar y asegurar su permanencia como núcleo de poder dominante de la dictadura.

En el régimen lo que vendría después del Plebiscito se subordinaba al objetivo de perpetuación. El dictador sabía lo que perdía por lo cual preparó, como se denunció oportunamente previo al Plebiscito, dentro y fuera de Chile, un autogolpe con fuerzas militares de choque bajo el mando de incondicionales, pero la clara victoria del NO y su aislamiento político, lo hizo imposible.

Por tanto, la eternización de la dictadura traía consigo una confrontación de impacto imprevisible, porque para las fuerzas populares claudicar no era opción, el valor de la libertad es innegociable. Por eso, dentro de la propia derecha hubo voces que apoyaron la opción NO, como un recurso viable para una salida democrática.

Fue la perseverante lucha democrática la que generó el poder social que, junto al acuerdo democrático más amplio, lograron crear el control ciudadano del Plebiscito, impedir el fraude del régimen pinochetista e imponer la voluntad mayoritaria del país.

Pero, la derecha política hoy en el gobierno, trata de falsear la historia y presentar una imagen fabricada a su medida, con el propósito de encubrir y metamorfosear su responsabilidad política en la prolongación de la dictadura y en la defensa, a lo largo de la transición, de los enclaves autoritarios.

Al respecto señalan que cualquiera de ambas alternativas, el SÍ y el NO, tenían un mismo objetivo, el retorno a la democracia, en lo que es probablemente la mayor falsificación histórica del último tiempo.

Esta manera de presentar los hechos es un traje a la medida de los que ayer estaban en el poder dictatorial, que lucraron del régimen y que se han dado maña para seguir encumbrados en el poder y usufructuar las codiciadas ventajas de su obsecuencia.

De ese modo la derecha piñerista ha querido prohijar una visión histórica que por su inconsistencia se derrumba en el acto, la tesis que el 5 de octubre las víctimas y sus victimarios tenían un objetivo común, que era igual que el dictador fuera derrotado o que permaneciera manteniendo el control del país. Esa idea es burlarse por completo de lo que costó recuperar la democracia.

La idea de limpiarle el uniforme a Pinochet para que brille el oro de las condecoraciones y desaparezcan las huellas de los horrores, de omitir los asesinatos, tormentos y abusos cometidos en contra de miles de personas se propone un objetivo imposible.

Un cruel criminal de Estado no pasará a ser blanca e inofensiva paloma. El negacionismo es inviable.

La Memoria Histórica perdurará en la conciencia del país, aunque algunos intenten tapar el sol con un dedo.

La victoria democrática del Plebiscito del 5 de octubre fue determinante para derrotar la dictadura y recuperar la democracia en nuestro país.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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