Renán Fuentealba, a sus 104 años auténtica reserva moral de la DC

Conocí a Renán Fuentealba Moena hace 60 años. Los estudiantes de la Escuela de Economía de la Universidad de Chile me habían elegido para formar parte de la directiva del Centro de Alumnos, en momentos que la Democracia Cristiana Universitaria obtenía un apoyo arrasador en la inmensa mayoría de las elecciones estudiantiles universitarias.

Eran los tiempos de la mística, de la búsqueda incesante de la justicia social. Nuestras mentes juveniles vibraban con esperanza y emoción ante la posibilidad de cambiar la faz de Chile bajo los postulados y valores de la democracia y la Doctrina Social de la Iglesia Católica. En noviembre de 1963 fui elegido presidente del Centro de Alumnos para el período 1964, año de elección presidencial, en momentos que la juventud chilena estaba organizando, junto al Partido Demócrata Cristiano, la Marcha de la Patria Joven con Eduardo Frei Montalva como candidato a la Presidencia de la República.

Yo estaba comprometido a trabajar con un entusiasmo desbordante, lleno de mística, en el periodo de vacaciones, en tareas proselitistas y de persuadir al electorado chileno de votar por los cambios que representaba nuestra Revolución en Libertad. Fue en ese momento que recibo la invitación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos a formar parte de una delegación compuesta por alumnos prontos a egresar de la Facultad de Economía para visitar la Cuba de Fidel Castro.

Estimado Renán, en esos momentos tú eras presidente del partido por lo que me pareció importante comunicarte la invitación y excusarme de las tareas proselitistas que debía efectuar en mis vacaciones, ya que eran coincidentes con el viaje que se prolongaría por todo el mes de febrero.

Cuando te conté lo anterior tu actitud fue la de excusarme de inmediato y a la vez indicarme que deseabas que yo le llevara de tu parte una carta al presidente de la Democracia Cristiana Cubana, que actuaba en la clandestinidad, en vista de las serias restricciones políticas impuestas por el gobierno revolucionario.

La misión no estaba exenta de complicaciones, ya que no era posible solicitar y tener una entrevista con una autoridad política no reconocida ni aceptada por el gobierno y que además era vigilada por los organismos estatales como sospechoso de llevar a cabo acciones políticas opositoras al marxismo dictatorial.

La forma de juntarnos fue a través de la Iglesia Católica. Se me indicó una parroquia en La Habana con el nombre del párroco a quien pude ubicar y convenir asistir a una misa dominical.

Tuve que solicitar autorización del organismo que nos habían invitado. El párroco me dice que al final de la misa pase a la sacristía a saludarlo y que allí estaría el destinatario de la carta que le enviaba Renán Fuentealba.

Estimado Renán, traigo esta anécdota de recuerdo de aquellos tiempos en que todo lo hacíamos por nuestros ideales y para hacer posible un Chile más justo, más humano, más cristiano y más solidario. Hoy día sigo siendo un gran luchador por la democracia y los valores cristianos. Pero ya no pertenezco al Partido Demócrata Cristiano. Añoro el partido de aquel entonces, el que muy bien retrata Radomiro Tomic cuando nos entregó su visión política poco antes de morir.

Nos dijo: "Las exigencias éticas e históricas del humanismo cristiano no están en el mercado de las astucias y del pragmatismo que las ignora o las desprecia, pero que trata de utilizarlas de los labios para afuera, para encubrir conveniencias inmediatistas o intereses creados o por crear dentro y fuera del Partido, dentro y fuera del Gobierno.

Miremos nuestra historia y aceptemos el pleno respeto a los valores trascendentales del humanismo cristiano porque si no el oportunismo político transformará rápidamente al partido en una feria de intereses personales cuando no bastardos.

La Falange Nacional no fue obra de ningún líder carismático, sino de un grupo de dirigentes que buscaban en la base del partido la fuerza que nace de la esperanza y de la entrega desinteresada de miles de militantes que no serán nunca personajes y cuyos nombre y fotografías no saldrán en los diarios. Porque nadie buscó hacer sombra a nadie, pudimos preservar la unidad en el ideal común, la solidaridad en la conducta, la participación y la confianza de todos".

Feliz cumpleaños 104, Renán.
Gracias por tu vida.

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