Revuelta popular en Chile y la valentía de todo un pueblo

El 18 de octubre de 2019 quedará en la historia de nuestro país como el día en que el malestar social, que se venía incubando hace décadas, cristalizó por fin.

Ese día Chile despertó y por eso lo recordaremos por siempre como el día en que se inició la verdadera transición a la democracia plena, el día en que la huelga económica se transformó en una verdadera huelga política.

Lo recordaremos como el punto de inflexión en donde el pueblo llano, acompañado de todos aquellos movimientos, organizaciones sociales y unos pocos partidos políticos, que venían protestando por separado, cada uno por sus propias demandas y justas reivindicaciones materiales e inmateriales, se cansaron y se unieron.

Lo recordaremos como el día en que el pueblo de Chile, ese actor tan fundamental para el curso de toda democracia, pero que había sido expulsado por una élite del panorama social y político de nuestro país, decidió reaparecer para subirse de nuevo al escenario de su propia historia a jugar un papel de protagonistas principal y decidido a no aceptar nunca más el papel de actor secundario que la clase dominante le tenía reservado, con el fin de mantener y ampliar sus privilegios.

Lo recordaremos como el día en que el pueblo volvió a aparecer en las calles de todo Chile de manera simultánea, obligando a quienes lo habían olvidado a reintegrarlo en sus discusiones, en los textos de historia, en los discursos políticos, incluso en los medios de comunicación.

Ese día, luminoso, formidable y potente, entendimos que separados jamás tendríamos la fuerza para trasformar Chile. Ese día, las y los trabajadores, las y los estudiantes, las mujeres, las y los jóvenes, las y los adultos mayores, las personas en situación de discapacidad, los marginados de siempre, los excluidos, quienes sufren de la desesperanza aprendida, se unieron en una sola voz para exigir cambios reales en una país que se había venido acostumbrando al abuso, a la desigualdad y a la incapacidad estructural que no permite una vida digna.

Ese día partió la construcción de un Chile capaz de infundir esperanza en las nuevas generaciones sin las cuales ningún cambio es posible. Un Chile en donde los sueños de todas y todos tengan el mismo valor.

Esto no fue un estallido social como algunos quieren plantear, esto fue un largo proceso destituyente de la institucionalidad heredada de la dictadura con la que algunos decidieron a nombre del pueblo de Chile, convivir pacíficamente y servirse de sus privilegios.

En este 18 de octubre conmemoramos la valentía del pueblo de Chile de enfrentar los abusos y las injusticias. Honramos a quienes fueron asesinados y mutilados, por quienes exigimos verdad y justicia plena.

En este 18 de octubre saludamos y valoramos con esperanza el trabajo de la Convención Constituyente que sólo fue posible gracias a la movilización social y que, sin duda alguna, representa los anhelos de millones de chilenas y chilenos de avanzar verdaderamente hacia un Chile digno y democrático. Hasta que la dignidad se haga costumbre... y Constitución.

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