Sichel y los cuatro clivajes

Las elecciones primarias no solo establecieron quiénes serán los representantes del centro y de la centroderecha y los de Apruebo Dignidad en las presidenciales. Si miramos el trasfondo de los resultados, podemos observar la emergencia de cuatro nuevos clivajes en el paisaje político chileno.

Primero, un clivaje generacional, de los nuevos líderes versus los rostros de la vieja política. Los chilenos demandan una renovación de la política en serio. Dicho en simple, no buscan un presidente que haya sido senador (por eso la senadora Provoste ve complicada su opción). Un segundo clivaje es el de los partidos versus los independientes. Esta fisura tiene particular fuerza: el 97% de los chilenos no militan en partidos. El tercer clivaje es el de la ciudadanía versus la élite: los chilenos buscan liderazgos ciudadanos que reflejen en sus historias de vida sus propios dolores y anhelos. No van a apoyar a una élite desconectada y aislada del resto del país. Y, en cuarto lugar, ha emergido el clivaje del pragmatismo moderado versus la radicalidad ideológica. Chile demanda hoy reformas y cambios, pero sin tirar por la ventana lo alcanzado hasta ahora.

¿Por qué gano Sichel las primarias? La respuesta es simple. El candidato independiente está alineado correctamente en los cuatro clivajes. Sichel logró correr el cerco porque representa la renovación, a los independientes, a los ciudadanos de a pie que no tienen las ventajas de la élite y, finalmente, porque propone los cambios que Chile necesita sin dar un salto al vacío. Es decir, representa cabalmente al NUEVO VOTANTE DE CENTRO. A diferencia de otros actores del sector, el candidato independiente no apela a un voto de nicho. Los datos duros son irrefutables. Sichel logró llegar con su discurso a los sectores más humildes y a la esforzada clase media. Con una participación del 21% en las primarias, obtuvo más votos que Kast en la primera vuelta de 2017, donde se registró una participación de 46,6%.

Sichel movió la frontera y movilizó a ese nuevo centro, permitiendo que la primaria de la centroderecha obtuviera más votos que Chile Vamos en la elección de convencionales de mayo (que, ojo, incluyó a Republicanos). ¿La lección? El giro al centro es el camino correcto para construir una nueva mayoría nacional, no la política identitaria de nicho que representa sólo a una élite.

¿Hacia dónde apuntar? Para ganar la presidencial no podemos volver al discurso excluyente de élite que no moviliza y nos posiciona del lado incorrecto en los cuatro clivajes. Para triunfar necesitamos una mayoría ciudadana. Girar a la derecha es un error. No debemos aplicar la lógica de la elección parlamentaria a la primaria. Algunos argumentarán que con ello se le está abriendo un espacio a JAK, pero debemos desdramatizar ese voto duro en la primera vuelta. JAK no va a representar a una mayoría de los chilenos en los cuatro clivajes. Su techo es el 5% de los votos en primera vuelta. Si mantenemos el timón firme hacia el centro, esos votos se van a plegar a Sichel en segunda vuelta. Con ello, Sichel también obtendrá la adhesión de personas moderadas de la ex Concertación que quedarán huérfanas dado que la opción de la senadora Provoste estará "tironeada" por la izquierda más dura. Mientras, Boric tendrá muchas dificultades para moderar su discurso, porque su principal amenaza será la irrupción de una alternativa a su izquierda, liderada por la Lista del Pueblo y otros. Boric y Provoste no podrán ubicarse en el lado correcto en el clivaje del pragmatismo.

En suma, para ganar las presidenciales de fin de año, se requiere: 1) proyectar un liderazgo nuevo y renovado, alejado de la vieja política; 2) convocar a la inmensa mayoría de independientes y no aferrarse a los desprestigiados partidos; 3) levantar una plataforma ciudadana conectada con las historias de vida de los chilenos; y 4) no caer en la política de los nichos ideológicos, sino que ofrecer cambios con pragmatismo que convoquen a ese nuevo centro que emergió en las primarias. Sichel es el único capaz de alinearse correctamente en los cuatro clivajes. Si evitamos los cantos de sirena de los más radicales, seremos mayoría nuevamente.

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