Una oposición con dos almas

En la columna anterior inicié una reflexión sobre el estado lamentable de la oposición. La respuesta que ha tenido este conglomerado, este último tiempo, son los pasados encuentros regionales para definir su plan de acción. Sin duda es un aporte, pero no estoy tan seguro de que sea lo más urgente e importante.

En efecto, la oposición no será valorada por actuar como bloque, sino por sus reacciones o respuestas que den sentido y logren el respaldo de la ciudadanía. El tema es que en bloque no se enfrentan los problemas de fondo, sino que se busca salidas reactivas y coyunturales.

Como señalaba, no existe una oposición, sino al menos dos. Una conformada por el PC y el FA y la otra por la socialdemocracia y el socialcristianismo. El actuar en bloque impide presentar las diferencias que hay frente al presente y futuro del país, y por lo mismo no muestran su verdadero rostro hacia la ciudadanía para que la identifique y tome decisiones en el futuro cercano. No se capitaliza, se va consumiendo.

Otra cosa sería trabajar en ambos bloques y llegar a concertarse en acuerdos, y así el ciudadano sabe quién es quién. Como mucho se ha dicho, la presencia en un solo bloque del PC es tremendamente peligroso por el anticomunismo existente, y que tiene hoy a Kast como Presidente. Más aún con el nulo esfuerzo de este partido por actualizarse a la realidad del siglo XXI.

Actuar en bloque puede tener beneficios, pero muy efímeros, porque por lo general su actuación es más reactiva. Cuando el ciudadano espera ideas y propuestas que tengan sentido con la realidad presente y la proyección futura, no lo encontrarán, porque son tantas las diferencias que se torna complejo ponerse en esa situación. Se diluyen las diferencias ideológicas y el ciudadano puede terminar percibiéndolos como una misma alternativa política, aunque sus fundamentos sean diferentes.

El problema estratégico más importante es que el centro político queda sin una representación clara. Existe un electorado que puede querer un Estado social fuerte, pero que simultáneamente valora la empresa privada, la propiedad, la libertad económica, la democracia liberal y la moderación. Si ese sector no encuentra una expresión propia, puede terminar votando por la derecha simplemente por temor a que la alternativa sea exclusivamente PC-FA. Por lo tanto, la izquierda más radical termina fijando la imagen de toda la oposición.

Aunque una propuesta provenga del PC o de sectores del FA, si toda la oposición la respalda sin matices, el costo político puede recaer sobre socialdemócratas y socialcristianos. Es decir, la identidad del sector más izquierdista puede terminar fagocitándose al centro. Se abandona un espacio político históricamente relevante: el humanismo social.

La socialdemocracia y el socialcristianismo tienen argumentos propios para defender la justicia social. No necesitan hacerlo desde una identidad de izquierda radical. Pueden plantear que la dignidad humana, la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia social y la protección de los vulnerables son compatibles con la democracia, economía social de mercado y libertad.

Ahora ponerse como bloque en una situación obstruccionista sería un desastre, porque mostraría al país que su interés no es el futuro de Chile sino el de los partidos, y por lo tanto su lucha por el poder. El objetivo no debería ser necesariamente separar a la oposición, sino diferenciarla internamente.

Podría existir una oposición coordinada en aquellas materias donde hay coincidencia -defensa de la democracia, combate a la desigualdad, fortalecimiento de los servicios públicos, seguridad, crecimiento económico, probidad-, pero permitiendo que cada corriente explique desde qué principios quiere alcanzar esos objetivos. Con ello queda claro que una unidad electoral no significa uniformidad ideológica.

Y, a mi juicio, ese puede ser un argumento particularmente fuerte para la socialdemocracia y el socialcristianismo: no necesitan convertirse en una versión moderada del PC-FA para constituir una alternativa progresista; necesitan recuperar y hacer visible su propia identidad.