Cuando la inocencia está a tu favor

Mamá, la Miss en el colegio nos dijo que hay que escuchar a la naturaleza.

Le pregunté, ¿cómo la escuchas?

Respondió, con una lupa en el oído.

Su respuesta sacó una sonrisa de mi cara. Su inocencia y percepción de la realidad me hicieron pensar en la inocencia, que “no huele el mal” ,“no concibe ni siente el mal y no se siente mal” ; en cómo uno percibe lo que le rodea y en la función que tiene una lupa.

Estos tres puntos están directamente relacionados si pensamos que la inocencia tiene un vínculo con el conocimiento, y que uno va a percibir el mundo que le rodea dependiendo de la información que contenga.

Tal es así que si se le pidiera a un botánico que describiera un árbol, seguramente comenzaría a decir las propiedades de éste; un artista podría referirse a la luz, tonalidades y sombras; en cambio un carpintero quizás hablaría acerca de la utilidad que el árbol pudiera tener. 

 

Así como también se ve que la percepción en sí es diferente para cada individuo como lo muestran investigaciones experimentales sobre la percepción visual. Cuán importante es conservar en la mente información que nos brinde seguridad, armonía y prosperidad.

Finalmente la lupa, al ampliar los objetos, una “ lupa en el oído” lo interpreto como la posibilidad latente de conectarse de manera más profunda con la pureza, lo perfecto y natural.

Recuerdo cuando años atrás me estaba bañando en una playa de la costa de Chile, una medusa me abrazó la pierna y se agarró de ella. En un comienzo encontré a la medusa fascinante y preciosa, luego de un rato al salir del mar varias personas me advirtieron de lo que me podía suceder si yo era alérgica, además del malestar que iba a sentir, así fue como se comenzó a manifestar en mí todo tipo de molestias y temor.

Sin embargo, en aquel entonces yo ya estaba tomando más conciencia de que lo normal y natural es estar y sentirse bien a pesar de que los cinco sentidos indiquen algo diferente.

Pensando en la realidad del bien y cómo todo lo bueno está siempre manifestándose, decidí no mirar mi pierna, reflexionar en que la creación es buena, y así fue como comprobé que solo eso podía manifestarse en mí; desaparecieron las ronchas, la hinchazón y el malestar.

Esta y otras experiencias se pueden dar a diario obteniendo destellos de la naturaleza del bien que trasciende todo conocimiento humano, sí, percibir salud en lugar de enfermedad; paz en vez de enemistad; perfección en donde pareciera haber imperfección y poder así experimentar con plenitud la Vida.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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