El estigma de la enfermedad

Ese niño “es enfermito, nació así, pobrecito”…se trata de la situación del individuo inhabilitado para una plena aceptación social [1], es el caso de las personas tildadas con los términos, minusválido, tarado, cojo, tuerto, discapacitado, retrasado, manco, loco, tonto, tartamudo, el que tiene un tic, tipo raro, deforme…se trata de un extraño, alguien que tiene un atributo que lo vuelve diferente a los demás y lo convierte en alguien menos apetecible y más bien menospreciado.

Ante la concepción de la persona basada en una diferencia de su cuerpo, la disfuncionalidad de su organismo o la enfermedad de alguno de sus sistemas, basándonos en el defecto original tendemos a atribuirle un importante número de imperfecciones y de allí seguimos considerándolo incapaz para desarrollar tareas rutinarias o tendemos a aislarlo y apuntarlo con un dedo.

Las deformidades físicas son una parte de las abominaciones del cuerpo que se constituyen como estigma, no obstante también están los defectos del carácter del individuo que se infieren de perturbaciones mentales, adicciones a drogas, alcoholismo, intentos de suicidio entre otros.

El sociólogo Erving Goffman define a los normales como “aquellos que no se apartan negativamente de las expectativas particulares que están en discusión” y sostiene que “los normales” creemos que la persona que tiene un estigma no es totalmente humana y así practicamos diversos tipos de discriminación y construimos “una ideología para explicar su inferioridad y dar cuenta del peligro que representa esa persona racionalizando a veces una animosidad que se basa en otras diferencias como por ejemplo la clase social”.

Frente a un individuo ciego nos pueden suceder varias cosas, como por ejemplo vacilar en tocarlo o guiarlo, generalizar su deficiencia y tratarlo como si tuviera una incapacidad total y así le gritamos como si fuera sordo o intentamos ayudarlo a incorporarse como si fuera inválido.

En salud estamos llenos de sentencias marcadoras susceptibles de estigmatizar a un individuo. Algunos de los conceptos derivados de la terminología médica -en el afán de entendernos para procurar ayudar- pueden ser malentendidos o rechazados porque los mismos individuos no aceptan dicha mención y se sienten muy lejos de aquélla con la que no se identifican.

Algunas nociones tienen que ver con los propios hábitos que las personas reconocen en el interrogatorio médico pero al verlas registradas en su historia clínica no las aceptan o quieren modificarlas pues se sienten avergonzadas y prefieren alejarse de tal verdad; es el caso de las adicciones a las drogas, al tabaco o alcohol, los excesos en la comida, algún tipo de actividad sexual, la obesidad o algunos antecedentes relacionados con su salud mental.

Enfermedades como las demencias, los trastornos alimenticios como la bulimia o anorexia, las enfermedades venéreas o el virus del SIDA podrían constituirse en patologías deformantes y compatibles con una historia moralmente dudosa que es preferible ocultar.

Hemos denominado enfermo “crónico” a una persona que tiene una enfermedad que se le prolongará toda su vida, siendo necesario tratarlo con determinada terapia para mantenerlo controlado a fin de que no sufra descompensaciones. Para el personal de salud es una forma de identificación que facilita el manejo colectivo, sin embargo probablemente estemos poniendo una lápida a la persona en cuanto es poseedora de un mal permanente y enraizado del cual nunca se liberará.

La definición de enfermo “terminal” también pudiera ser cuestionada, no obstante implica también un ordenamiento desde la imposibilidad de practicar tratamiento alguno que revierta el pronóstico del mal.

El hecho de denominar a la persona desde la patología que padece es un error de la medicina, pues obviamente el ser humano trasciende dicha entidad y tiende a identificarse como un diabético, un cardíaco, un depresivo, entre otros, totalizando su ser en una figura negativa invisibilizando su verdadera completitud humana.

[1] Goffman, E.: Estigma, La identidad deteriorada, 2003

Desde Facebook:

Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado

Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
Columnas recientes
Columnistas