La madurez “líquida” o la sexualidad “líquida”


Ha sido Zygmunt Bauman quien acuñó y popularizó este feliz término para describir a nuestra sociedad cómo “líquida”, recogiendo en este planteamiento ideas afines y originarias cómo “…todo lo sólido se disuelve en el aire” de Bergman sobre una frase de Marx, y “la vida no es más que un tejido de textos a interpretar…y esto no es más que una interpretación”, de Nietzsche.

Así, habla del “amor líquido”, del “consumidor líquido”, y el “mundo líquido”, es decir, habla de una realidad que hoy, al dejar fuera las certezas fundantes, se hace tan relativa y difícil de atrapar como el intento de tomar con la mano algo de una corriente de agua que fluye permanentemente.

Esta visión emerge y se refleja en miradas y decisiones cotidianas, ya sea legales o de índole valórica que afectan o perturban los ejes de sentido humanizadores y personalizadores.

Hoy es el turno de la sexualidad, en algo que podría parecer menor, como es la entrega y el uso de métodos anticonceptivos y de la píldora del día después en las menores de 14 años discrecionalmente, con indicación de aclarar quien o quienes son los adultos responsables para ser avisados posteriormente de la acción de “salud preventiva”, junto al aviso obligatorio legal, si hay sospechas de delito fundadas, es decir, de violación, abuso y/o violencia.

Hasta aquí todo parece estar bien respecto a los objetivos prácticos a alcanzar.

¿La justificación de las medidas? Los “derechos del niño”, los datos “duros”, sobre el inicio de la sexualidad activa “ya a los 12 años”, y evitar “los embarazos no deseados y abortos adolescentes”.

Donde aparecen los reparos, es a lo que reflejan frases de una destacada profesional, que se apresura a afirmar que “el foco debe estar puesto en lo sanitario. Nunca ha sido un problema valórico, sino un problema psicosocial”.

¿Acaso lo psicosocial no está ligado a lo valórico en su propia esencia al reconocer que el mundo cognitivo, el afectivo y el ético moral con lo social no se desarrollan a la par en una interacción inseparable donde uno modifica al otro?

Lo segundo es que se habla de “la madurez progresiva del menor” (desde los 11 años), y “que es signo de madurez estar consciente de la necesidad de prevenir el embarazo y consultar a profesionales de la salud idóneos (as) sobre anticoncepción en lugar de hacerlo directamente con amigos (as) o directamente en la farmacia”.

¿Madurez a los 11 a 12 años, asociada a sexualidad activa con desconfianza en la familia?

Por lo menos se sabe que el desarrollo neurobiológico y mental hacia la madurez, tiene un punto de inflexión en el desarrollo del lóbulo y zonas prefrontales que controlan los impulsos, la búsqueda y postergación de lo placentero y la gratificación inmediata por objetivos de largo alcance, el manejo de las emociones (como la ira y el miedo), la búsqueda de la novedad y el manejo del riesgo, la conducta social y el juicio y sentido moral entre los 18 y 24 años.

Es decir, de alguna manera, allí está la base de la voluntad y la libertad responsable.

Respecto a la misma sexualidad y el sexo activo, habría que recordar que la estrategia reproductiva evolutiva de la especie entre macho y hembra de forma interna, se puede rastrear hasta los “placodermos”, 300 millones de años atrás.

Posteriormente ya como mamíferos y primates, se liga a la experiencia placentera (así como la comida, la bebida, y los vínculos amorosos sociales y otras conductas y realidades simbólicas), y es controlada por la “red placer-recompensa”, cuya zona de control inteligente, es la “red de control y toma de decisiones”, también en las zonas prefrontales.

Debido a esto, como todo lo placentero, so pena del abuso (y de las enfermedades como las adicciones) deshumanizado y despersonalizado, debe ser educada precozmente, y en el caso del sexo activo, retrasada lo más posible en el ámbito familiar y socio cultural buscando la madurez real integral (que sí incluye lo ético y lo espiritual), que tiene sus tiempos evolutivos propios.

En el hombre, el sentido de la sexualidad, es la felicidad, el amor, el placer, la potencialidad de la procreación, y la exploración del misterio maravilloso de la creación y evolución del propio ser humano y el universo completo.Por ende, se funda y es un camino en la búsqueda de la trascendencia y de lo absoluto en su propia naturaleza, es decir, del bien, la verdad y la belleza.

Lo contrario, es propiciar y educar en una madurez y sexualidad sólo pragmática-social- material, relativa y muy “líquida”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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