Secuestro permanente

Estoy dentro del sistema Isapre desde que nací. Mi madre era dueña de casa y mi padre era contador auditor y en esa época se desempeñaba en el banco BHC en lo que pensaba sería el trabajo de toda su vida. Vivíamos en La Reina en una casa arrendada. Mi padre es de Valparaíso y mi madre de Viña del Mar y se habían venido a Santiago debido al trabajo de mi padre.

Cuando comencé a caminar mis padres notaron que algo raro ocurría, me caía demasiadas veces y mi pierna izquierda empezaba a parecer algo chueca en relación al resto. Me llevaron a varios médicos, me pusieron una especie de protector plástico a ver si se enderezaba.

Finalmente y a partir del consejo de un médico porteño amigo de mi abuelo llegaron a la consulta privada de un traumatólogo joven pero promisorio.Se me diagnosticó una rara patología (para la época) que impedía que mi fémur creciera de forma adecuada.

Se programó la primera operación y la compra de un artefacto médico que hubo que pedir al extranjero. El banco lo compró y gestionó su ingreso. El precio era exorbitante para nosotros. Me operaron el año 1980.

El año 1982 el banco fue declarado en quiebra. Una quiebra bien extraña que llevó a sus ejecutivos a la cárcel años más tarde y a uno de ellos a ser biministro durante la dictadura de Pinochet.

Mi padre quedó cesante bastante tiempo. Habían pensado en comprar una casa, pero terminamos comiéndonos todos los ahorros. Yo seguía enferma y necesitaba tratamiento y permanecía en la Isapre, ya que mi padre estaba convencido que mi enfermedad debía ser tratada con lo mejor, y se le había dicho que ahí estaba la mejor salud.

Fui operada varias veces en la clínica Santa María, la clínica Santiago (que ahora ya no existe), la clínica Indisa y el Hospital Clínico de la Universidad Católica. Mis estadías fueron variadas, en la Indisa el año 80 tuve efectivamente “lo mejor”, mi mamá se pudo quedar a dormir en una pieza exclusiva, sin embargo me agarré una infección intrahospitalaria que me persigue hasta el día de hoy y nunca supieron en cuál de las instituciones fue, ya que además tenían que hacerme curaciones en otro lugar. Nada se sabía en ese entonces de demandas por negligencia médica.

A medida que los años pasaban y la situación económica de mi familia empeoraba, pasé a conocer los pensionados y las salas comunes. Era salud privada, mi Isapre cubría ciertos montos, y mi familia tenía que costear el resto, una y otra vez. Me becaron en el colegio porque la plata no nos alcanzaba. Mi mamá pasó de ser dueña de casa a manejar un transporte escolar. Nunca tuvimos casa, arrendamos años y años. El plan se iba encareciendo cada vez más, pero mi papá nunca dejó de pagarlo.

Fui adulta, por un tiempo era carga de mi papá para no perder ese viejo plan que ya no existía. Me casé cuando aún estaba estudiando. Mi marido estaba en otra Isapre, Colmena.

Como hombre joven y sano su plan era muy barato, decidimos tener un plan familiar, salirme de Vida Tres y unirme al suyo, la ley estaba de nuestra parte ya que yo estaba casada con él. La ejecutiva vino a la casa y nos habló maravillas, llené la declaración de salud con todos mis males. Colmena me rechazó por todas mis pre existencias.

Fuimos a la superintendencia, se abrió un juicio, lo ganamos. Colmena nos ofreció el peor plan posible. En la superintendencia el señor que nos asesoró me dijo: mire, efectivamente pueden hacerlo, y analizando el plan que tiene en Vida Tres no le conviene salirse porque NUNCA tendrá esa cobertura en ninguna otra parte, de hecho si se va a Fonasa, jamás podrá volver al sistema de Isapre ya que NADIE la aceptará.

Y así me convertí en lo que soy, una secuestrada, una prisionera del sistema de Isapres.Todos los años debo pelear para que no me aumenten el plan, siempre quieren echarme de algún modo.

Cada vez que entro a esa Isapre siento que van a desvalijarme, no firmo nada sin consultarlo. Sigo enferma, he tenido que someterme a dos operaciones en un periodo muy corto de tiempo. No puedo operarme en otro lado que no sea la clínica con la cual mi Isapre tiene convenio. Me cubren harto, claro que sí, pero el monto de la clínica es tan elevado que igual termino pagando muchísimo.

No puedo tener un seguro porque nadie aseguraría mis preexistencias. Soy una leprosa para el sistema de salud. Y siempre mis problemas son de alta complejidad por lo cual temo profundamente irme a Fonasa, porque no sé si podrían tratarme a tiempo.


Confío mucho más en los médicos del sistema público que en el privado, pero no puedo arriesgarme a la burocracia o a la carencia de insumos. He llegado a consultar médicos que trabajan en lo público para que confirmen o no el diagnóstico que me hacen en el sistema privado.

Con la medicina privada tengo instalada una desconfianza extrema. Me solicitan resonancias y scanner siempre. ¿Serán necesarios? Me dicen que los exámenes deben ser hechos en ciertas instituciones por que otras no son confiables y siempre las confiables son las más caras.

Es por esto que me produce una rabia tan enorme cuando escucho decir a la derecha chilena que ellos son los defensores de la libertad de elección, en salud, en educación, en todo. Que no quieren que la gente no pueda tomar decisiones.

Anda dando vueltas por todos lados la declaración llena de verdad de esa mujer pos incendio que dijo que los pobres no elegían donde vivir. Claro que no eligen nada de nada.

Este capitalismo instalado en este país sin posibilidad ninguna de que hubiéramos elegido otra cosa lo tiene a usted y a mí en la fantasía de la democracia, la libre elección y todo eso, cuando es la peor de las condenas.

Secuestrados de nuestros territorios, de nuestros colegios, de nuestras universidades, no son solo los pobres los que no pueden elegir sino que somos millones los que no podemos elegir nada de nada.

Acá los únicos que pueden elegir son un puñado de familias que hacen y deshacen para seguir manteniendo sus privilegios, que son los dueños de mi Isapre, de la clínica donde me atiendo y que le pagan al médico que me ve para que me diga ciertas cosas.

Hoy tuve que ir a urgencia porque estaba con un fuerte dolor de oído, fui a una clínica privada con la que tiene convenio mi Isapre, se me atendió muy pronto. La atención duró 10 o 15 minutos, tengo otitis.

Salí de la consulta y tuve que ir a pagar. ¿Le pusieron algún medicamento o le hicieron algún examen? No. ¿efectivo o tarjeta? Tarjeta. ¿cuotas? Si tres cuotas precio contado. Ok, inmediatamente le imprimo sus recetas.

Si no pagas, no hay recetas. Si no pagas no hay nada. ¿De esa libertad es de la que hablan?

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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