Colonias urbanas, escuelas de Solidaridad

Cuando se piensa en experiencias generadoras de vida, en medio de espacios no del todo favorables, se corre el riesgo de terminar generando una burbuja. Un espacio bello, emotivo, pero ideal, casi una fantasía.

Al reflexionar en esta idea y mirando el caminar del programa Colonias Urbanas, en sus 40 años de historia, más de alguno podría pensar que se ha tratado de una burbuja para miles de jóvenes que han sido parte de ellas en tantos barrios de Santiago.  Por el contrario, puedo afirmar que si hay algo que caracteriza a las colonias urbanas es ser un destello de la realidad que podemos alcanzar.

El destello es una señal, una pista, un asomo de aquello que buscamos. Las Colonias Urbanas son desde su nacimiento, por allá, un lejano año 1978, un reflejo de lo que podemos ser capaces de alcanzar cuando ponemos todo nuestro empeño en ello.

Lo primero que nos puede llamar la atención es su mismo nombre: Colonias. Palabra que nos recuerda aquellos asentamientos a través de los cuales se pretendía conquistar un determinado lugar, dotándolo con las características de vida de quienes llegaban a poblarlo. Aunque este primer acercamiento al nombre no es del todo favorable, sí nos puede ayudar a vislumbrar su fin, dotar a quienes participan de las Colonias Urbanas de una manera de concebir la vida.

Es así como, si miramos el camino hecho, podríamos destacar algunos aspectos centrales de lo que ha sido esta experiencia que, por ser una instancia generadora de vida, podemos hablar de ella como una verdadera escuela: escuela de paz, escuela de solidaridad, escuela para un proyecto de vida.   

El contexto en que nacen las Colonias Urbanas es la Dictadura Militar, la que nos había sumido en una cultura de persecución, sospecha y muerte.

Había que tener mucho cuidado en lo que se hacía y decía, pues toda persona podía ser catalogada como un peligro para el régimen. Esto, lo que sucedía, es lo que le da su mayor belleza a este destello: donde abundaba la muerte, algo distinto surgió, una palabra de vida fue pronunciada.

Por ello, las Colonias eran y son una escuela de paz, de solidaridad, y una muestra de que es posible un mundo diferente.

Aunque el contexto que las rodea pudiera hablarnos de violencia, marginación, exclusión, las Colonias nos muestran que podemos aprender a convivir respetando las diferencias, aprendiendo de los demás, ocupándonos de sus necesidades, reconociendo que aquello que busco para mí no puede dejar de lado o atrás a nadie, que cuando hacemos las cosas junto con otros y otras todo es más sencillo y posible, y que cuando ponemos el corazón en algo nos maravillamos de los resultados.

Demos gracias por estos 40 años de un destello que nos señala hacia donde caminar y cómo hacer las cosas. Creámosle a esta historia que hemos escrito.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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