Hitler y Emilia Silva

El vídeo hecho por estudiantes de cine alemanes que circula en las redes y que supuestamente sería una propuesta de publicidad de los automóviles Mercedez Benz es, sin lugar a dudas, perturbador.

En la pantalla se ve al automóvil irrumpiendo a gran velocidad en un pueblo austríaco, Braunau am Inn, el lugar donde nació y vivió Hitler en su infancia. El auto se detiene ante dos niñas, pero cuando está frente a un niño lo atropella sin contemplaciones dejándolo muerto en medio de la calle. El vídeo termina con la frase: “Reconoce los peligros antes que aparezcan”.

Lo que es horrible en esto es la idea de base que está detrás de la historia. Los hombres estarían destinados desde niños a ser lo que van a ser en el futuro, de modo que asesinar a un niño que posteriormente será el dictador, furioso belicista y antisemita, vendría a significar liberar a la humanidad del horror de la guerra y del holocausto.

De la misma manera que el auto es capaz de prever el futuro y liberar a la humanidad de Hitler, también podría prever sus propias deficiencias mecánicas y asegurar su correcto funcionamiento.

Pero lamentablemente esta idea, que más de un publicista imprudente ya estará encontrando genial, se acerca demasiado a lo que pretende denunciar. Pensar que los hombres vienen destinados a ser lo que son, y que en un niño ya se anuncia el monstruo en que se va a transformar es justamente la idea de base de toda discriminación.

Los seres humanos serían lo que ya son, es decir, serían definibles y previsibles desde el nacimiento. El que uno sea de un modo o de otro, el que lleve una vida tal o cual, sería un asunto genético, de modo que interrumpir la vida de alguien que según nuestro modo de considerar las cosas será nocivo para la humanidad es algo perfectamente justificado.

Y bueno, esto mismo es lo que pensaba Hitler. Por eso intentó matar a los judíos, a los gitanos, a los homosexuales, a los débiles mentales y a sus enemigos políticos. Por lo tanto, los que han inventado este vídeo son consecuentes herederos de Hitler y de su pensamiento genetista, que ve la raíz de los males humanos en algo biológico y no espiritual.

Pero los seres humanos no estamos predeterminados por ninguna circunstancia física y esa es precisamente la base de nuestra igualdad. Somos iguales porque somos libres y por eso mismo somos imprevisibles.

Nadie sería capaz de prever qué será un niño, si poeta o ladrón, si funcionario o comerciante, si barrendero o Presidente de la República. Y por eso, la muerte de un niño será siempre un hecho horrible, no sabremos jamás qué es lo que se ha perdido con su vida, quedaremos siempre ante un enigma que nadie sabrá jamás desentrañar.

La vida humana es siempre un misterio que nadie tiene derecho a manipular, pero tampoco a eliminar. El futuro de todo ser humano está siempre infinitamente abierto y es justamente eso lo que constituye su libertad.

En el caso de un niño, ese futuro es más incierto todavía y por eso cuando somos testigos de una muerte infantil quedamos mudos, sobrecogidos y apenados. Se le arrebataron todas las posibilidades, no pudo hacer sus pruebas, se le cercenó su destino.

Si el día de mañana hubiera sido un Hitler, el niño no es responsable. Lo será cuando efectivamente lo sea, cuando se haga adulto y decida por qué camino irá su vida. Por el momento, no ha decidido nada, es un niño como los demás, y es inocente de las barbaridades que podrá cometer ulteriormente. Juzgar a un niño por lo que el hombre adulto hará con su vida es perfectamente injusto.

Pero ese dramatismo también se presenta en el caso de la muerte de la pequeña Emilia Silva, que murió por la irresponsabilidad de un conductor borracho. Y aparece en toda su crudeza la indiferencia de la justicia chilena que condena al culpable a dos años de pena remitida.

¿Qué tienen en la cabeza los jueces que han juzgado este hecho de esa manera? ¿Qué piensan ellos que se perdió, con la vida de esta inocente? Algo que ni siquiera merece la cárcel de quién la mató. ¿Sabrán estos jueces qué es lo que se perdió con esta vida?

¿Tendrán ellos una respuesta a esta pregunta? ¿O pensarán peligrosamente en la misma dirección que los videístas alemanes?

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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