Wilna Saavedra

“Te quiero porque eres vasca
y eres terca y apuntas lejos
a lo que viene y aún no llega…”

¡Wilna en tres rápidos trazos!

Hermoso y certero ¿verdad?

Si Gabriela hubiese conocido a Wilna como nosotros la conocimos, estoy seguro que hubiese escrito para esta ocasión un “Recado a Wilna Saavedra en el cielo”.

Porque eso no ocurrió, he querido comenzar mi homenaje con esta cita de “Recado a Victoria Ocampo en la Argentina”,que retrata de cuerpo entero a nuestra amiga.

No tengo un recuerdo preciso de cuándo conocí a Wilna Saavedra, pero sí puedo afirmar que desde que empecé a militar en la democracia cristiana, en 1959, su nombre se me hizo familiar.

Fue mucho después, durante la lucha contra la dictadura, en las memorables jornadas de protesta que, bajo el aura protectora de Jaime Castillo se llevaban a cabo en la casona de calle Huérfanos donde funcionaba la Comisión de Derechos Humanos, cuando “aprendí a conocerla” como se dice tan bellamente en alemán.

“Aprender a conocer” es un proceso en constante desarrollo, tiene inicio pero no tiene fin.Continúa incluso después de los días de esta vida, como lo demostró el acto en que sus amigos nos lamentamos de haberla perdido, pero a la vez nos encantamos evocándola, descubriendo este o aquel rasgo de su personalidad, escuchando esta o aquella anécdota que no conocíamos, en resumen, echándola de menos “por vasca, por terca, porque apuntaba lejos a lo que viene y aún no llega”.

Wilna Saavedra era todo lo que dijo Gabriela Mistral y algo más: era humilde.

Su ambición no era “conducir”, sino persuadir a los demás para que se organizaran e hiciesen posibles ciertas cosas que ella anhelaba que sucediesen para bien de su país o de la DC.

¿Cuántas veces no me sugirió que hiciésemos tal o cual actividad cuando me acompañó como Vicepresidenta de la Comisión Internacional del Partido? Daba la idea, si no era atendida insistía, pero nunca dejaba de traslucir que la suya era una vocación de servicio, no de dominación sobre los demás.

Muchos nos quejábamos de que Wilna comenzaba con frecuencia el diálogo haciendo ver lo que restaba por hacer, las promesas incumplidas, tan abundantes en la actividad política. A nadie le gusta que le recuerden que no ha hecho toda la tarea, pero en esto Wilna era inflexible, “terca” como diría Gabriela, y salía adelante con lo suyo.

Me pregunto: ¿Cuántas cosas que nos rodean y que consideramos como un dato de la realidad no nacieron y perduraron en el tiempo gracias a ella?

¿Cuánto se plasmó, por ejemplo, en la legislación chilena gracias a su dedicación y sentido de responsabilidad, en los años que fue diputada?

¿Qué quedó de permanente en la vinculación de Chile con Panamá, primero, y con Honduras, después, donde fue nuestra Embajadora?

Este mismo Círculo de Relaciones Internacionales, que se reúne con periodicidad ejemplar, que convoca cada vez a un elevado número de participantes, que sesiona en el más importante Club de la capital, que trata temas de vital importancia para nuestra Patria y ante el cual disertan personalidades de tanto relieve como María Teresa Infante, ¿no es también una de esas huellas que ella fue dejando, con eficacia y humildad, en su caminar por esta vida?

Tal vez nunca habrá una respuesta definitiva a esas interrogantes, porque a Wilna le interesaba la raíz de las cosas, que crece invisible hacia lo hondo, lejos de la luz del día.

Su legado son sus obras y éstas, a su vez, el fruto de horas y horas de infatigable bregar para mover, como hormiguita tenaz, este fardo de lugar, ese obstáculo del camino, empeñada en la construcción de un Chile mejor, especialmente para las mujeres, que estuvieron en el centro de su preocupación.

Dentro del Partido Demócrata Cristiano hay un grupo de personas marcadas por esas dos características: la terca perseverancia en la búsqueda del bien común y la renuncia a todo brillo o lucimiento personal.

Uno fue Jaime Castillo Velasco. Y  ciertamente Bernardo Leighton. Wilna Saavedra merece figurar junto a ellos en nuestro recuerdo personal, y también en la historia del Partido, porque sin hombres y mujeres como ellos, que lo dieron todo, y algo más, por la causa política que abrazaron, Chile no tendría hoy un orden democrático, ni sería el país que es: pionero en más de un sentido en la región políticamente más nueva del planeta.

Hombres y mujeres como ellos son la arteria que alimenta la DC. Sin ellos, no sería el nuestro sino una sigla más, como tantos partidos políticos que han pasado por nuestra historia sin dejar mayores rastros. Con ellos, y gracias a ellos, la acción política partidaria adquiere sentido y trascendencia, pudiendo llegar a ser “la más alta expresión de la caridad después del sacerdocio”, en palabras de un Pontífice.

En unos de sus poemas, Gabriela Mistral habló de sí misma como “hija de Dios, sierva oscura y divina”. Eso fue también Wilna Saavedra, hija de Dios, servidora de su Patria, y en búsqueda constante “de lo que viene y aún no llega…”

N de la E: Testimonio del autor al cumplirse un año del fallecimiento de Wilna Saavedra.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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