Mártires reales y de cartón piedra

En sueños, he transitado por galerías de retratos familiares y extraños, cuadros que, una vez vivenciados (porque el arte no genera objetos sino experiencias) proporcionan el vislumbre, perturbadoramente real, de la condición humana.

En la vigilia, elijo tres retratos que he visto en esas galerías caóticamente intercambiables llamadas los medios de comunicación, tres instantáneas que se retienen en la memoria pese al intento enconado de los grandes conglomerados de la (des)información para que se sumerjan en las aguas del olvido lo antes posible.

Son retratos de mártires. Figuras que trascienden la vanidad del minuto, encarnando un ideal y pereciendo gloriosamente por el. Dos son dolorosamente patéticos (no uso la palabra peyorativamente, sino en su real contexto), el otro, una ridícula caricatura que se chinga (uso la palabra peyorativamente y en su real contexto) en su intento siquiera de parecerlo.

La primera imagen es una anciana sentada junto a una columna, apoyada en unas muletas y sacudiendo un tazón de lata con algunas monedas en su interior. La gente pasa a su alrededor sin prestarle atención. La cámara se centra en su rostro que delata la enfermedad y el dolor. Alguien la reconoce, de pronto. Esa mujer fue su profesora de infancia. De él y de muchos otros. Su pensión misérrima y sus muchas enfermedades habían guiado a esta maestra de generaciones a la dramática decisión de mendigar en la calle.

Vivo, terrible emblema de la ingratitud y desprecio del que este país ganador y de mañas de mocoso hace gala para con sus maestros. Oriente tributa honor al maestro errante y mendicante y las multitudes agradecidas los reverencian y alimentan porque los saben su reserva cognitiva y moral. Doña Alicia Morales, en cambio, dio lo mejor de sí misma para formar generaciones y fue arrastrada a la vergüenza por un sistema criminal y embustero al que le confió su merecido descanso.

Martingala diseñada y avalada por una dictadura sangrienta, lavados sus activos por tecnócratas de escasa moralidad que hoy se pavonean por el mundo entero voceando su logro digno de genocidas en cámara lenta.

Día a día el sistema de las AFP, a elevados costos financiados, (adivina por quién), vocea sus falsos logros. Ellos me explicaron y yo entendí que mi destino, como docente, es idéntico al de Doña Alicia.Ella es la mártir invisible de la crisis de una educación y de una pensión convertida en bienes de consumo por estos halcones regordetes.

Dios se lo pague, dirán estos santones del crimen organizado y validado por la ley del país de los vacíos legales. Ellos bailan la danza exclusiva de los millones, las monedas que sobran caen a su pequeño recipiente de latón.

La segunda es la imagen del luto por la masacre de niños en una escuela de la ONU en la Franja de Gaza, si bien bajo periódicos ataques por parte de Israel, hoy víctimas de una abierta batalla de aniquilamiento.

En un ghetto de extensión semejante a la comuna de Providencia, millones de palestinos están acorralados y completamente indefensos por el odio revestido de religión.

Sufrimos desde nuestra cómoda lejanía sudamericana por los cientos de niños asesinados, mutilados, aniquilada su tierna inocencia, y condenamos la cobardía de quienes propalan esta violencia en nombre de su dios, ya sea Allah o Adonai, que brilla por su ausencia, hay que decirlo.

Teniendo queridos ex alumnos y amigos, descendientes de ambas etnias y culturas mortalmente enfrentadas en una ruleta sin destino, me es difícil tomar la fácil posición del descalificador gratuito de uno u otro bando.


Sin embargo, los petardos hechizos de cinco o seis pirómanos no te autorizan a arrojar contra un pueblo acorralado lo más selecto del moderno arsenal de guerra del siglo XXI. Conoces muy de cerca esa práctica, solo pregúntales a tus abuelos por sus aterradoras consecuencias y detén esto.

Mártir no eres tú tampoco, con tu guerra de delirio santo y tus cohetes atados a la cintura, los mártires auténticos de la ceguera y de la religión son los niños, que son hijos, sobrinos, nietos, pequeños amigos y vecinos y son el futuro de toda cultura y religión.

La tercera, festiva, es la de un tipo joven regresando de un país del que debió salir tras una detención por parte del gobierno de esa nación. Militante de un partido ultramontano devenido en defensor de una clase a la que nunca ha pertenecido, realizó un viaje de relaciones públicas que concluyó con él, encarcelado por el gobierno venezolano.

Aparentemente habría fotografiado edificios gubernamentales, lo que en cualquier parte del mundo puede acusarte al instante de espionaje y bueno, caer en la capacha.

Sin embargo, intervenciones express del gobierno de Bachelet, mediante, fue liberado tras varias horas y autorizado para dejar el país sin ningún problema. No recibió torturas ni apremios ilegítimos. No fue deportado, lo que sí habría evidenciado una supuesta detención política arbitraria. Desde un principio se supo su paradero. Nada se le incautó. Él mismo afirmó haber abandonado el país por voluntad propia.

El discurso de sus dirigentes, tras su mediático arribo a nuestro país, trató de vender el hecho como el regreso de un mártir político, con una pompa más triste que retreta de pueblo abandonado.

La descripción que el sujeto hizo parece la vergonzosa parodia de las palabras reales de nuestros propios detenidos desaparecidos, presos sin juicio alguno, torturados y ejecutados sin misericordia y peor aún ocultados o destruidos sus cuerpos.

Los dirigentes fundadores de este partido trabajaron codo a codo y con gran entusiasmo con el régimen de facto más despiadado de nuestra historia y hoy salmodian con lágrimas peores que las del cocodrilo de la fábula, quejas impostadas que nadie, salvo que sea ingenuo elector de estos palurdos, podía creer.

Como si nadie hubiera sido apresado ilegalmente en su propio país finge ser un preso político instantáneo, mártir de nada ni nadie, mártir de cartón piedra que infringe daño a la memoria de quien sí perdió su vida en nombre de destinos más nobles para sí mismos y los demás. ¿Nada sabían? ¿Nada creyeron? ¿Y usted todavía cree que tal estolidez debería gobernar Chile?

Se dice que todo vencedor necesita de vencidos. Asimismo podría afirmarse que todo mártir necesita de su ejecutor. Doña Alicia, los niños palestinos y nuestros detenidos desaparecidos no necesitan contrapartes para brillar en el firmamento, tampoco de cretinos que pretendan arrogarse el derecho a compartir el trono de la dignidad, de la pureza, de la verdad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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