Agricultura 2.0, la incorporación de la racionalidad

Muchas veces se tiende a pensar que la agricultura 2.0 es una reformulación completa de lo que se ha hecho durante años, o bien que es sólo la incorporación de la tecnología moderna en los procesos de producción. Pero en mi opinión, creo que más bien representa la incorporación de la racionalidad al momento de realizar los análisis de un nuevo proyecto agrícola.

Dadas las condiciones actuales para el desarrollo de la agricultura y sus encadenamientos, donde la variabilidad hidroclimática es un factor cada vez más frecuente, sobre todo en las zonas áridas o semiáridas del país, es indispensable plantearse la siguiente pregunta, ¿cómo promover un desarrollo agrícola que sea sustentable y que, por lo tanto, también se haga cargo de las incertidumbres que se generan en la producción agrícola?

A mi juicio la respuesta tiene que ver con incorporar la racionalidad en la toma de decisiones. Ahí estará el cambio, porque la incorporación de estos elementos permitirá generar una actividad más sustentable de lo que se ha hecho hasta ahora, dejando a un lado el supuesto de que las condiciones, tanto climáticas como de precios de mercado son estáticas o siguen tendencias. Esto impone desafíos a las empresas agrícolas, al sistema financiero y a los profesionales relacionados.

Hasta antes de la extensa sequía que ha sufrido el país, sobre todo en la zona norte, la agricultura se basada en las expectativas de precio y en las oportunidades de mercado, dejando fuera del análisis la variabilidad relacionada con la incertidumbre hidroclimática y su efecto en la producción agrícola.

La variabilidad “hidroclimática” se puede entender como el cambio permanente de las precipitaciones, de los caudales de los ríos y de los volúmenes embalsados en las áreas productivas, generando efectos directos en  la productividad en función de la tolerancia, resistencia o sensibilidad de las especies y variedades cultivadas.

Es por esta razón que cada quién, y en función de la racionalidad que incorpore dentro del análisis, decidirá si quiere desarrollar un cultivo que puede ser menos interesante desde el punto de vista de los precios, pero más tolerantes desde el punto de vista de la variabilidad hidroclimática o, al revés, que sea más interesante desde el punto de vista de la rentabilidad, pero menos resistente a estos cambios y, por lo tanto, más riesgoso.

En esta misma línea también tenemos la problemática de la distribución de la incertidumbre hidroclimática. En este caso, la pregunta que debemos hacernos al momento de realizar las proyecciones, es ¿cuándo, en función del periodo de desarrollo del cultivo, podría ocurrir un problema de disponibilidad hídrica? Es aquí donde se debería plantean diversos escenarios con cultivos que demoren mucho su producción y que, por supuesto, van a tener un análisis de más temporadas de productividad, versus aquellos que tienen un ciclo más corto, en los que las barreras de entrada y salida son menores.

Por último tenemos la variabilidad e incertidumbre de los precios, los cuales pueden depender de la situación económica local y/o internacional. Es decir, puede que en un producto que se exporta, el periodo de sequía genere un efecto negativo en su producción, pero que tenga un precio interesante que no es afectado por la sequía local. Por el contrario, también puede ocurrir que los precios internacionales sean bajos debido a la sobreoferta en el mercado, y que el país tenga poca oferta debido a los efectos de la disponibilidad hídrica.

Junto a los aspectos de variabilidad que se deberían incorporar al tomar una decisión en una agricultura racional, también se debe pensar en el diseño de la explotación, la cual debería estructurarse con núcleos diferentes en función de la tolerancia o resistencia a la variabilidad hidroclimática. La idea es que exista un núcleo base que garantice los principales flujos financieros y, en función de este, agregar otros núcleos más resistentes que puedan ajustar su demanda frente a una menor disponibilidad hídrica.

En conclusión, una agronomía racional debería considerar la integración de la incertidumbre hidroclimática y sus efectos productivos en los análisis de rentabilidad y flujos, la integración de seguridad e incertidumbre hídrica en la selección de cultivos y el diseño de los huertos, particularmente en zonas áridas y semiáridas.

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