El talento no necesariamente llegará al mercado laboral: ¿Quién es el responsable?

El mundo avanza demasiado rápido. Comprar hoy una licencia anual de IA parece una locura si en pocos meses puede surgir una solución mejor, más funcional y completa. La biotecnología y las energías renovables son un eje actual del desarrollo, y la logística cambió nuestros hábitos de consumo con acceso inmediato a productos en la puerta de la casa, cosa que, hasta hace pocos años, era impensable. Consecuente con este escenario, industrias estratégicas proyectan miles de nuevos empleos para la próxima década, demandando trabajadores cada vez más capacitados para operar en ecosistemas tecnológicos y automatizados. Sin embargo, esta realidad convive hoy con tasas de desempleo que en algunas regiones del país superan el 10% siendo más alarmante el 11,6% de quienes buscan trabajo por primera vez, evidenciando una desconexión profunda entre las oportunidades laborales disponibles y el capital humano que hoy se está formando.

El desafío no es nuevo y urge avanzar hacia una vinculación real y profunda entre la academia, institutos profesionales y centros de formación técnica con el mercado laboral. Aunque se habla hace años de formar técnicos y profesionales con capacidades alineadas a las necesidades de las empresas, miles de jóvenes egresan enfrentando incertidumbre y cesantía. Por eso, es momento de fortalecer este debate y poner al centro de la discusión la calidad y pertinencia de la formación que se entrega a más de un millón de estudiantes de todos los niveles y ámbitos del conocimiento. La inserción laboral no puede depender solo del esfuerzo individual del estudiante, ni de las oportunidades que logre encontrar por su cuenta, sino también del compromiso de las instituciones que lo forman.

La gratuidad como principal política de acceso e inclusión ha generado avances importantes, especialmente para estudiantes de primera generación que han logrado permanecer, progresar académicamente y titularse. Pero a 10 años de estos avances, la pregunta pendiente es qué ocurre después: ¿Quién acompaña a estos jóvenes, muchas veces sin redes ni referentes, para encontrar una buena práctica profesional?, ¿cómo acceden a su primer empleo?, ¿quién se hace cargo de orientar a quienes estudian en territorios con campos laborales saturados para que encuentren plazas disponibles?

Este desafío es especialmente relevante para los estudiantes de primera generación a quienes les hemos dicho que la educación transformará sus vidas. Les exigimos mucho esfuerzo, resiliencia y determinación. Ellos responden con talento y compromiso pese a que un gran porcentaje enfrenta trayectorias extremadamente frágiles, con nulas redes de contacto y barreras muy grandes para encontrar de manera autónoma oportunidades laborales, lo que termina siendo una carga y una gran frustración para ellos y sus entornos más cercanos.

A pocas semanas de dar por concluido un semestre académico, es necesario mirar con atención ¿qué pasará con quienes egresan?, al mismo tiempo que miles de estudiantes rendirán la PAES para encontrar un espacio en la carrera de sus sueños. ¿De qué nos tenemos que alegrar, de cuántos entran o de cuántos salen y encuentran trabajo? Será bueno empezar a preguntarnos ¿cómo generamos vinculación temprana entre las empresas y los estudiantes? y ¿cómo construimos puentes efectivos de conocimientos, capacidades y habilidades que serán demandadas versus las que hoy se están aprendiendo?

La responsabilidad es compartida: las instituciones educativas deben asegurar una formación de calidad, pertinente y conectada a los desafíos productivos; las empresas, por su parte, deben involucrarse mucho antes de que surja la urgencia de contratar.

Chile enfrenta una gran oportunidad porque las inversiones proyectadas en minería, energía e infraestructura pueden impulsar el crecimiento, innovación y empleo. Pero para que ese desarrollo sea sostenible, debemos poner el mismo énfasis en las personas que en la tecnología. Estamos en un mundo globalizado donde el talento no tiene limitaciones de frontera, por lo tanto hagámonos cargo del talento local que ya está sentado en una sala de clases esperando cumplir el sueño de conectar con el futuro laboral que se le ofreció cuando decidió comenzar este camino.