Baja valoración de los oficios

Este año 2014 he escrito 10 artículos de Opinión en cooperativa.cl. Revisándolos, después de algunos meses de obligado receso, me doy cuenta que ese que tiene un más bajo número de recomendaciones es aquel referido a los Oficios, que plantea la necesidad de hacer de éstos un centro focal de los esfuerzos educacionales de nuestro país. La industria y los servicios los necesitan con bastante urgencia y a pesar de ello pocos los estiman o valoran.

Salvo iniciativas tan magníficas como INFOCAP, (denominada como la Universidad del Trabajador), y Cristo Vive, que mantiene una Escuela de Formación en Oficios, son pocas las otras iniciativas que resaltan en estas materias. Ambas, bajo el alero directo o indirecto de la inspiración de la Iglesia Católica, prestan un servicio notable a a nuestro país. Esto porque Chile necesita además de la formación de Técnicos de Mando Medio, de personal calificado que trabaje directamente en la dimensión más operativa de las tareas productivas o de servicios.

Es en esta dimensión donde pueden darse las mejores innovaciones y emprendimientos que harán de nuestro país no sólo un simple país exportador de materias primas, sino un país exportador de productos con valor agregado, es decir, un país que agregue a dichas materias primas la capacidad e iniciativa de “las competencias de diseño” que poco o nada se trabajan en el sistema educacional chileno.

Y cabe hacer notar que existen países que sin tener una gran cantidad de materias primas, como la madera por ejemplo, son grandes diseñadores de muebles y artículos para el hogar, como los suecos, los cuales exportan ya fabricados a países desarrollados, con madera que seguramente compran a países productores de este bien natural, como podría ser Chile mismo.

¿Por qué hoy no encontramos en nuestro propio país, lleno de madera de buena calidad, fábricas de muebles con diseños originales, que nos posiciones en los mercados internacionales con nuestros productos ya elaborados? Pensamos que la falta de adiestramiento en  Oficios es una de las carencias que hacen que tengamos esta limitación para nuestro desarrollo.

La formación o adiestramiento en Oficios, de tan vieja tradición, nacida en los gremios existentes en la Europa de la Edad Media o quizá larvadamente desde antes en los siglos, es una tarea que se lleva a cabo comunitariamente, donde un Maestro con sus aprendices forman lo que hoy denominaríamos un equipo de trabajo o comunidad de aprendizaje.

Estos últimos aprenden del Maestro su sabiduría, su experiencia, su técnica y el arte de elaborar artículos de las más variadas formas y matices, creando innovadoramente nuevas creaciones que hoy, con la ayuda de las tecnologías modernas, pueden replicarse al infinito. No se trata, por lo tanto, de volver al trabajo artesanal de la producción uno a uno, sino crear prototipos replicables de buena  y hermosa calidad. El sentido de lo estético, se hace presente pues, como una necesidad ineludible de ser enseñada en las nuevas iniciativas que se lleven a cabo para el adiestramiento en oficios.

Las maquinas de control numérico y los avances tecnológicos que se han ya introducido desde hace varias décadas en la producción y los servicios en el mundo moderno, son elementos fundamentales de enseñarse en la formación en oficios, además de aquellas otras dimensiones que son propias a toda actividad de creación de nuevos diseños o un trabajo bien hecho.

Nos referimos en este caso a las “competencias laborales” que son elementos esenciales de ser desarrolladas en la formación integral de aquel que se forma en algún oficio o se perfecciona en uno de los mismos.

Las competencias que distinguimos de manera muy sencilla en este caso, son las de desarrollo personal, las de aprendizaje permanente, las de interacción social, las de conocimiento y las propiamente técnicas. Estas competencias, desarrolladas en su conjunto y de manera integral  en el aprendiz que se cultiva en un oficio, son fundamentales si queremos constituir egresados de calidad.

Vistos de esta manera, los oficios no han sido tratados por el sistema educacional o los sistemas de apoyo a los mismos, con la debida valoración que se merecen si queremos hacer de nuestro país y la sociedad del trabajo que lo constituye, una buena plataforma de despegue hacia dimensiones de mejor calidad de vida de un sector importante de la población y como producto indirecto, de la población en general.

De ahí la necesidad de incentivar estas iniciativas, entre las cuales ya están las nombradas y las que pone en marcha el SENCE (Programa Más Capaz), bajo cuya administración debe existir una preocupación especial hacia la calidad de los servicios que ofrecerán las entidades colaboradoras en el adiestramiento en Oficios.

No nos vaya a suceder lo que aconteció con las OTEC que fueron de muy baja calidad en sus servicios y productos.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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