La derecha y la gratuidad en la educación

¿Por qué a la derecha chilena le interesa tanto que la educación superior sea pagada por los sectores más ricos de la sociedad? ¿Por qué se opone con tanta fuerza a la gratuidad universal? ¿Que esconden todos estos llamados a que no se lleve a cabo este aspecto de la Reforma Educacional firmados por todo tipo de representantes opositores a estos cambios?

¿Por qué toda esta campaña mediática en la que participan con gran entusiasmo colaboradores supuestamente izquierdistas (Brunner, Tironi, etc.), pero que hace ya mucho tiempo han dejado de serlo?

Dentro de la confusión con que se llevan a cabo hoy día todas las discusiones sobre este tema, que la derecha abogue con tanta convicción porque paguen los más ricos es algo que despierta inmediatamente las sospechas. Que aquí hay un gato encerrado del porte de un león, no puede caber la menor duda.

A mi juicio hay varias cosas que explican esta maniobra. La principal de ellas es que oponiéndose al principio de la gratuidad universal con argumentos que por su aparente justicia fácilmente pueden engañar a los incautos, se desplaza el problema educacional desde el ámbito de los principios, al terreno del pragmatismo.

Arguyendo que es una “injusticia” que los ricos no paguen, lo que en verdad se está haciendo es destruir el fundamento mismo de las demandas ciudadanas, en el sentido de que se reconozca que la educación es un derecho y no un bien de consumo.

Cuando se afirma que los ricos deben pagar, se está llevando el problema de la educación al terreno económico, del financiamiento, y se suprime de una plumada la cuestión de fondo por la que han luchado los estudiantes con profunda conciencia ciudadana.

A la derecha le interesa que todo el problema educacional se plantee en términos de financiamiento, porque es de esa manera que se legitima la iniciativa privada en este campo. Si se instala en la sociedad la idea de que los que tienen dinero deben pagar, se legitima de hecho la actual situación de la educación en Chile y todo vuelve a fojas cero, los ricos pagan sus colegios y universidades privadas, y los pobres se quedan en lo público.

Para que no se hagan más olitas con el tema, se mejora el financiamiento de los organismos educacionales públicos, se hacen algunas reformas como las que se estuvieron haciendo en los últimos gobiernos y se vuelve a la paz social sin que tengamos que cambiar nada verdaderamente.El proyecto de que paguen los ricos es entonces una excelente manera de hacer valer posiciones conservadoras y gatopardistas y de modificar algunas cosas sin cambiar el modelo.

La estrategia es hábil y no deja de ganar adeptos en la Nueva Mayoría, siempre bizqueando hacia la derecha. Los sectores más conservadores empiezan a medir lo que se ahorraría con esta política y una vez más volvernos al gran obstáculo que han puesto siempre hasta ahora los políticos nacionales para realizar verdaderos cambios: olvidémonos de los principios en aras del pragmatismo y volvamos a los “acuerdos”, que han sido tan beneficiosos para nuestro país.

Lo malo de esto es que este tipo de medidas, a la larga solo traen confusión y soluciones bastardas que terminan siendo remedios peores que la enfermedad. La historia de la educación en Chile está llena de ejemplos de este tipo. Por eso, la importancia de los principios, cuyo respeto consecuente es lo único que puede originar sistemas coherentes que aseguren la paz social por períodos largos.

Lo que busca la educación gratuita es reafirmar la condición de ciudadano, esto es, consolidar la idea de igualdad que constituye la base de nuestro sentido de identidad nacional y de pertenencia patriótica.

Si la educación es un derecho de todos los chilenos, cosa que la derecha busca negar a través de la discriminación entre pobres y ricos, la educación tiene que estar asegurada necesariamente para todos y de la misma manera. Que los ricos elijan una vía aparte, eso es algo que no debiera afectar los compromisos del Estado hacia sus ciudadanos. Por el contrario, de la misma manera como ricos y pobres son iguales ante la ley y no se hace diferencia entre ellos para elegir autoridades públicas, es fundamental que en lo que atañe a la responsabilidad del Estado tampoco existan diferencias.

A la derecha le encanta vestirse con piel de oveja, casi diría que es una suerte de perversión suya mostrarse terriblemente conmocionada ante la pobreza y archi preocupada porque “no se malgasten los dineros del Estado”. Un poco más y parecería estar abrazando causas casi revolucionarias. Casi. La verdad es que detrás de este disfraz, vestido siempre con muy poco garbo, se notan los filudos colmillos del depredador.Si usted lo duda, observe con atención la actitud que ha tenido frente a la Reforma Tributaria.

¿Que paguen los más ricos su educación superior? Por supuesto, siempre lo han hecho y lo seguirán haciendo, porque seguirán mandando a sus hijos a las universidades privadas. Pero el derecho a la educación es otra cosa y hay suficiente apoyo ciudadano como para que su establecimiento sea inamovible.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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