La igualdad y la diferencia en la educación

En Chile vivimos en una época en que necesariamente las cosas se confunden. La exigencia imperativa de generar con la Reforma Educacional una nueva situación en la que se imponga un nuevo modelo de mayor igualdad, nos empuja a perder de vista que una de las principales finalidades de la educación es la diferencia y no la igualdad.

Todos los pensadores que han dado luces sobre la educación han insistido en este hecho, que parte de dos ideas muy sencillas: la primera es que si bien los hombres son todos iguales frente a la ley, no lo son en cuanto a las capacidades, a las habilidades, a los intereses, a la creatividad o a la vocación. En memoria, en inteligencia, en expresividad, en uso del lenguaje, etc., las diferencias pueden llegar a ser enormes.

Por lo tanto, una cuestión básica en el debate sobre educación tiene que ser necesariamente la de instaurar un sistema que permita por un lado palear las deficiencias de distinto tipo que pueden presentarse en los individuos, pero también, por otro lado, aprovechar los talentos y las capacidades que se presentan en otros, con el objeto de potenciarlas al máximo. De ese modo, si queremos mejorar la educación, estamos obligados a tener al menos dos políticas diferenciadas, una para asentar la igualdad y otra para potenciar la diferencia.

La segunda idea tiene directamente que ver con lo dicho y si se me perdona la comparación algo gruesa, se puede expresar del siguiente modo: si usted quiere cosechar porotos, tiene que sembrar porotos, no lentejas. Esto quiere decir que el objetivo de la educación que se desea implantar tiene que estar meridianamente claro y tiene que ser lo primero que debe resolver quien se propone reformar un sistema educacional.

De no ser así, se corre el riesgo de no obtener los resultados que se esperan. Ahora bien, en la discusión que actualmente se desarrolla en Chile sobre este tema coexisten los objetivos más disímiles, que sin pretender ser exhaustivos podríamos resumir así.

1.- Lo que busca la educación es preparar a los ciudadanos para insertarse en forma exitosa en el mercado del trabajo. Es la visión pragmática y profesionalista.

2.- Lo que busca la educación es formar a los ciudadanos en su vida independiente y en la responsabilidad ante la patria, con el objeto de que puedan abrirse camino en la vida respetando las leyes y las costumbres de nuestra sociedad. Es la visión laica y cívica.

3.- Lo que busca la educación es formar buenos creyentes (léase, católicos, judíos, protestantes, etc.) que se inserten en la sociedad y preserven los valores de su comunidad. Es la visión religiosa.

4.- Lo que busca la educación es formar individuos libres, críticos y pensantes, que sean capaces de potenciar los valores humanistas dentro de la sociedad. Es la visión humanista.

5.- Lo que busca la educación es permitir que los sostenedores privados puedan hacer un buen negocio con ella. Es la visión empresarial.

Estos cinco objetivos no son necesariamente excluyentes, pueden coexistir perfectamente, sea algunos de ellos, o incluso todos juntos, aunque para ser francos en la mayoría de las instituciones educacionales chilenas se marcan solo algunos y dependiendo de esto, la educación que se imparte en ellas tiene necesariamente un sesgo.

El hecho de que debido a la decadencia de la educación pública se haya perdido el objetivo nacional de la educación, que subraya lo común de los ciudadanos por encima de las diferencias es un factor del debilitamiento del sentido de pertenencia y de identidad en nuestro país y señala lo perdidos que andan la mayoría de los que participan en estos debates.

Todo esto está muy bien, y tendrá que definirse particularmente en lo que se refiere a la educación pública.

¿Pero qué pasa cuando pensamos en términos de diferencia? Pasa que de acuerdo a la segunda idea señalada, a los objetivos ya anotados se agrega un sexto, que es lo propio del desarrollo de la diferencia. Este es, lo que busca la educación es formar a los mejores alumnos de modo que su educación responda a los más altos estándares en todas las disciplinas. Se los preparará para un futuro destinado a la ejecución de las tareas más exigentes en el campo profesional, en la investigación y en la creación. Es la visión meritocrática.

Esto implica que debe haber una política específica para que la educación de los mejores puedan extraerse los mejores resultados y que de no haberlos, no se estarán desarrollando en plenitud las potencialidades educativas del país. Educar a los mejores pasando por encima de su diferencia es un grave error pedagógico. Por eso, para que esto no se produzca, es necesario tener colegios de verdadera excelencia, con procesos de selección rigurosos, con profesores del más alto nivel y con exigencias académicas que correspondan a los objetivos planteados.

Ya sé. Esto parece desubicado, pero no me cuelguen, lo que ocurre es que sin esto, una reforma educacional no parece seria.

Lo decía hace un momento: si se desea cosechar porotos, hay que sembrar porotos. ¿Qué es lo que se desea sembrar con la reforma educacional en Chile? Yo al menos tengo una cosa clara, así como existe una justicia para la mayoría, también hay una justicia para los mejores.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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