Lo que no podemos olvidar en toda reforma educacional

En los países de América Latina se ha puesto énfasis en los esfuerzos educacionales que quizá no son los más apropiados para el tiempo que hoy vivimos. No desechamos, por lo mismo, todos los esfuerzos pasados, que respondieron a circunstancias distintas a las que vivimos hoy, los cuales exigen enfoques necesariamente diferentes.

Por eso en la actualidad nuestro acento está puesto en las cuestiones educacionales y en aquellos acontecimientos del entorno que no pueden ser dejados en el tintero, considerando el peso que estos tienen en las reformas educacionales que se pongan en marcha.
Algunas reflexiones imprescindibles que se deben tomar en cuenta.

La reforma educacional es didáctica y curricular o no lo es. Cuando afirmamos esto, estamos diciendo que en educación el curriculum y la acción pedagógica ejercida al interior de los establecimientos educacionales y otras instituciones, es la razón última del quehacer educativo, teniendo en consideración que estos dos elementos se construyen sobre el diagnóstico integral que hagamos sobre nuestros alumnos y alumnas.

Lo curricular y lo pedagógico nos marcan la línea a seguir y el estilo con el cual caminaremos en el logro de los objetivos educacionales.

Toda reforma educacional debe comenzar por plantearse qué tipo de persona queremos formar para el futuro de nuestra sociedad. En ese sentido, los procesos sirven de ligazón entre el presente (que ya considera el pasado) y el futuro que queremos construir.

Esto, que tan fácilmente se enuncia en los cursos o asignaturas de Filosofía Educacional en la formación de profesores/as, se ve subsumido por los engranajes de la burocracia estatal o privada, por los tiempos escasos, por la no valoración de la necesidad de fijarse derroteros.

En otras palabras, no debemos olvidar que en todo proceso de cambios la política educativa debe comenzar con esta proyección al futuro, que será nuestra meta a alcanzar en los años venideros.Solo los países que tienen claro este “pequeño detalle” salen adelante con sus sistemas educacionales, por lo menos en términos de gestión y administración.

No toda reforma educacional debe comenzar por los cambios administrativos y financieros, aunque ellos se necesitan en algún momento.Puede ser un trabajo paralelo, pues muchas veces lo administrativo y financiero, en vez de convertirse en un medio que facilite el logro de la eficiencia y la eficacia, se transforma en una barrera permanente para desplegar adecuadamente lo supuestamente planificado.

Todo cambio educativo, al igual que el cirujano y sus equipos es a la intervención quirúrgica, la responsabilidad directiva de los profesores y profesoras en ellos es estrictamente necesaria. Se han visto países que han gastado (no necesariamente invertido) en educación sin tener resultados que permitan tener una formula de pesos igual calidad.

La presencia de educadores en las reformas educacionales es indispensable, pues ellos conocen mejor las necesidades y aspiraciones de las comunidades educativas en las cuales trabajan y no son los cirujanos, economistas o ingenieros los más adecuados para trabajar a fondo lo que sucede al interior del sistema educacional, con sus complejas interrelaciones pedagógicas y humanas.

Conviene subrayar que la calidad de la educación es un proceso que tiene que ver con el adecuado desarrollo del potencial humano que existe en cada persona, sus circunstancias de origen y los apoyos que pueda recibir en el transcurso de su existencia educativa permanente.

Un establecimiento educacional será de mejor o menor calidad en la medida que la comunidad educativa que lo conforma pueda observar que los alumnos y sus familias son valorados en sus propias competencias de base o en lo que denominamos el “potencial humano en desarrollo”.

De ahí la necesidad de sacar del sistema las evaluaciones estandarizadas tal cual hoy existen, que solo muestran una parte de la realidad educativa, dejando ocultas las necesidades y aspiraciones de los sujetos que se educan y además deformando las expectativas de las instituciones educacionales, que comienzan a competir de manera irracional por superar puntajes que muchas veces no dicen relación con la calidad educacional.

¿Quiere decir esto que es necesario eliminar las evaluaciones estandarizadas, que son necesarias en términos comparativos nacionales o internacionales? A mi juicio no deben ser eliminadas sino transformadas, acercándolas en su diseño y aplicación a la persona integral del alumno y no solo a sus aprendizajes en materias de lecto escritura y cálculo, por ejemplo.

Toda reforma debe, inicialmente, preparar para la vida en el trabajo, pues es este eje el que permite sustentar una vida digna personal y social.

Una vida para el trabajo que cuente con dos elementos claves: una capacidad de introducir en los primeros años de la educación de las nuevas generaciones, el trabajo con la naturaleza, con su propio cuerpo y sus manos, para conectarlos rápidamente con las categorías de tiempo y espacio y con su imaginación y otra, que considere el emprendimiento como una necesidad individual o comunitaria en las nuevas generaciones de egresados.

En esta tarea y volvemos a cerrar el círculo con los profesores, el perfeccionamiento de los mismos es fundamental, pues ellos son el gozne entre la educación y la vida cotidiana de dichas generaciones.

Tremenda tarea que sin duda se sabrá enfrentar con decisión y podrá ser exitosa si se asume que la educación es además de administrativa y financiera, un espacio social de la didáctica y el curriculum tal como hoy lo entienden los profesores/as.En la medida que no valoremos sus aportes, toda reforma está condenada al fracaso.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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