Narcosociedad

Es interesante observar cada cierto tiempo el asombro y la expiación social frente a los vínculos que aparecen evidentes en casos relacionados con el narcotráfico y algunos municipios.

Pareciera que tal revuelo sucede a consecuencia de algún nivel de excepcionalidad, que no se condice con una faceta mayoritaria de transparencia y ejercicio responsable de la militancia política. Sin embargo, la realidad aparece como una epifanía ante los tomadores de decisiones y las consecuencias de ello parecen sólo iterar en la superficie, la anulación de una elección, la expulsión de un partido, etc.

Quienes trabajamos en territorios vulnerables debemos lidiar cotidianamente con factores que están en la base de conductas problemáticas, como el consumo de alcohol y drogas. Como patentes de alcoholes generosamente aprobadas, sin ninguna conciencia de los riesgos de distribución en entornos que debieran ser protegidos para nuestros niños, incumpliendo por lo demás disposiciones legales. Como las manifiestas condiciones que facilitan la entrada a quienes operan la logística de distribución de drogas.

El narcotráfico ha ido tejiendo cuidadosamente sus redes, es la mano del "crédito informal", ha fortalecido su posición ganando espacios donde el Estado se resta y en que la cohesión social se destruye. Por eso es que la normalización del narcotráfico, la demostración de poder e impunidad de sus líderes, resulta fundamental para penetrar con toda la capilaridad en el micro tráfico que llega a cada rincón, no sólo de los barrios periféricos, sino también en el corazón de aquéllos que le dan el retorno más sustancioso: los barrios que suelen no sufrir la estigmatización de los pobres, pero que son peleados centímetro a centímetro por los clanes hasta que un día la droga sea el recurso más disponible y democrático de nuestro país.

Cambiar esta realidad supone abordar las causas y no sólo las consecuencias del consumo, necesitamos fortalecer la prevención social, crear factores protectores en la familia, en la escuela, en la comunidad, así como dar una lucha frontal contra la exclusión social, recuperar los espacios degradados, avanzar en el desarrollo de la cohesión social de los barrios en torno al desarrollo positivo de la Infancia.

Desde el 2014 la Fundación San Carlos de Maipo y la Universidad de Washington están implementando el sistema "Comunidades que se Cuidan", que apunta a esta lógica, en base a activar a la comunidad y los líderes locales.

Tenemos que cambiar el enfoque si queremos lograr un resultado diferente que logre la reducción de la demanda que da sustento a la actividad delictiva del narcotráfico.

La "narcosociedad" no puede ser nuestro destino, estamos a tiempo de impulsar una agenda que le otorgue prioridad a instalar, junto con la sociedad civil, la barrera de contención que proteja a nuestros niños. A cambiar la mano que alimenta, que da trabajo y servicios a cambio de envenenar a nuestras familias, a erradicar el servidor público corrupto que protege y se nutre a costa del dolor de padres y madres que ven cómo sus hijos se mueren por una bala o un papelillo. Estamos a tiempo, aun podemos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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