¿Abstencionismo?

Han pasado ya algunos días desde la elección de Michelle Bachelet como Presidenta de Chile y las miradas han dejado, al menos por un tiempo, de estar centradas en el análisis electoral y ha cambiado el foco a los equipos y nuevos desafíos del futuro gobierno; sin embargo, pienso que es necesario generar algo más de debate sobre el tan comentado abstencionismo electoral del domingo 15 de diciembre.

Y cuando hablamos de generar debate es porque estoy convencido que el abstencionismo del cual se habla no es más del que ha habido en anteriores oportunidades y, por tanto, la pregunta lejos de apuntar a la legitimidad a la que ha buscado dispararle el senador Jovino Novoa, es la necesidad de entusiasmar y comprometer a los ciudadanos.

Es necesario, además, desmitificar algunos datos “blandos” que se dan.Se habla de un padrón de más de 13 millones de personas y ello es falso.En ese padrón no sólo siguen siendo considerados los detenidos desaparecidos, sino incluso hay gente que falleció muchos años antes del golpe de Estado.

Ni hablar de los chilenos residentes en el exterior, los mismos que fueron inscritos automáticamente pero a los cuales no se les permite ejercer su derecho a sufragio a distancia y a ellos cabe agregar, además, quienes no votaron porque llegar a su local de votación implicaba un gasto económico que su bolsillo no les permite llevar adelante.

Estamos, por tanto, hablando de que el verdadero padrón electoral asciende a algo más de 10 millones de personas, es decir, en primera vuelta el sufragio superó el 65% de quienes realmente podían ejercer su derecho (y deber) cívico y en diciembre el porcentaje también fue mayor al 55%, por tanto, mucho más del 42% del que tanto se ha hablado.

Con esto busco que bajemos el alarmismo por los números que se han dado a conocer, pero que no por ello dejemos de ocuparnos de la participación. Porque, cabe destacar, que el llamado movimiento social ha dado muchas muestras de que a los chilenos sí nos importa lo que pasa en nuestro país.

Es necesario entonces, que pensemos en las acciones necesarias para generar una mayor participación ciudadana y también la conciencia de que votar no sólo es un derecho, sino también un deber.

Y si tanto hablamos de mejorar la enseñanza, es hora de que se reincorporen las clases sobre educación cívica que se perdieron hace algún tiempo.¿A qué hora? Quizás a la hora que muchos colegios imparten religión.Parece que es bueno recordar que vivimos en un estado laico. He ahí una propuesta clara de cómo reubicar a los chilenos en la necesidad de sufragar.

Hace unos días alguien me insistía en que no podíamos ahora volver a hacer obligatorio el voto si ya habíamos dicho que era voluntario. Insisto, sufragar es más que un derecho, es un deber.

Así las cosas, “Vote por quien quiera, pero vote”, es mucho más que un slogan, es la expresión con la cual solicitamos el apoyo ciudadano a las propuestas que regirán los destinos de nuestro país en los años siguientes y, por tanto, es algo que debe preocuparnos durante todo el tiempo y no sólo cuando se acerca el período electoral.

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