El PS en una encrucijada histórica

Este será un aniversario diferente. De nuevo el encierro por la pandemia hará que el 88° aniversario de la fundación del Partido Socialista conlleve la reflexión de muchos encuentros y diálogos realizados a través de Internet y de la difusión de artículos y opiniones que rememoran la contribución de sus militantes a la lucha por la libertad y la justicia social.

La memoria histórica de los socialistas rinde tributo a los héroes y mártires que marcan su fecunda trayectoria, los que liderados por el Presidente Allende están en la historia de Chile. En especial, el proyecto la "vía chilena al socialismo", el de mayor proyección que haya impulsado, ingresó al patrimonio internacional de las fuerzas democráticas de izquierda.

En los y las socialistas causa un profundo compromiso moral y de acción práctica la consecuente responsabilidad histórica de la dirección clandestina constituida por los compañeros Exequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas, que aseguraron la continuidad del PS en las circunstancias más difíciles que le han tocado vivir.

Asimismo, en la crisis económica, social e institucional que el errado manejo de la pandemia ha generado en Chile, este aniversario convoca a los socialistas a proponer una vía de solución a la crisis lo que hace necesario un balance de la situación nacional y trazar las líneas de acción para responder a las exigencias que surjan del análisis de la realidad del país.

Chile está en una bifurcación del camino. O sigue fragmentado y gobernado por el dogmatismo neoliberal que dividió la nación en dos y concentró la riqueza en el 1 por ciento de la población o se une en un proyecto de rectificación nacional y opta por un Estado social y democrático de derechos que posibilite rehacer la paz social sobre nuevas bases, es decir, un nuevo contrato social en que las fuerzas mayoritarias sean respetadas y no avasalladas como en la actualidad. Este objetivo requiere un nuevo bloque de gobierno para Chile.

El país neoliberal no era un oasis. Esa visión autocomplaciente se desplomó. Lo esencial está aquí, en que hubo un cambio crucial en el concepto que tienen las personas de sí mismas y de Chile. El exitismo gobernante cayó en el descrédito. No hay confianza en quienes detentan el poder. En la ciudadanía surgió la voluntad de querer ser actores en la marcha del país, entre otras razones, por el descalabro del sistema político y del grueso de los representantes a los que ya no se les cree, ahora los movimientos sociales aspiran a incorporarse directamente en las grandes decisiones que están en el orden del día.

Así, ha cobrado especial significado la visión que tuvo hace medio siglo el Presidente Allende, en la "vía chilena" al convocar a las fuerzas sociales mayoritarias a ser capaces de "tomar en sus manos su propio destino", en democracia, pluralismo y libertad.

Hay un Chile que emerge que convoca a un cambio profundo, de fondo, la crítica abarca el conjunto del sistema de poder. Ese es el gran cambio, se ponen de manifiesto con crudeza las debilidades, errores y el conformismo ante la desigualdad y los abusos de poder que quitaron el vigor necesario a la transformación democrática.

No obstante, la permanencia de los enclaves autoritarios que distorsionaron severamente la voluntad de las fuerzas mayoritarias se valoraba la estabilidad democrática y el progreso económico acaecido a lo largo de 30 años. Sin embargo, el estallido social remeció totalmente el país y puso todo en debate, estremeció al gobierno, derribó el gabinete de ministros y descompuso la mirada que se había configurado acerca de los progresos generados en la transición democrática.

Así, el nudo de la agenda-país pasó a ser la desigualdad social y brotó el reclamo de dignidad ante los abusos de poder, fuesen institucionales o de las corporaciones empresariales, generados por la soberbia de los potentados impunes en sus conductas abusivas debido al imperio de una estructura económica dotada de disposiciones incontrarrestables a favor de los detentores del poder, tanto público como privado.

Por eso, el aumento del reclamo social a través de multitudinarias movilizaciones sociales y el deterioro de la gobernabilidad en las principales ciudades, expresada en la destrucción de instalaciones e infraestructura y la pérdida de toda iniciativa política de su gobierno, obligó a Piñera a aceptar el acuerdo del 15 de noviembre para el proceso constituyente, actualmente en curso en el país. El reclamo de una nueva Constitución, nacida en democracia, emergió victorioso de manifestaciones sociales sin precedentes en Chile.

Sin embargo, apareció en toda su crudeza la naturaleza ultraconservadora y autoritaria del uso del poder estatal, que recurrió a la violación generalizada de los Derechos Humanos y a un siniestro método de represión, disparar miles de proyectiles de perdigones al rostro de los jóvenes manifestantes mutilándolos en forma irreparable.

Hoy, esas fuerzas ultraconservadoras tienen a favor la dispersión de la oposición y la falta de voluntad unitaria en varios de sus componentes que optan por el "perfil propio" y desdeñan el entendimiento que la situación nacional exige. El reclamo de unidad no pide a ningún actor político que se disuelva o abandone su identidad, se trata de aportar con la irrepetible personalidad de cada vertiente al proyecto democrático común y evitar que el país siga exhausto, agotado y oprimido por el puñado de plutócratas que ejercen el poder en representación de la derecha económica y política.

En esta perspectiva el socialismo chileno debe asumir su responsabilidad y luchar contra la dispersión de la oposición. El PS no debe optar por la añeja y estéril fórmula de liderar a los más cercanos y renunciar a su vocación de configurar una mayoría capaz de transformar el país. La derecha ha llevado el país a un descalabro social que no puede continuar, en el caso que ganara las elecciones presidenciales sería un desastre para Chile.

El cambio en la conducción del Estado es el objetivo del período, a fin de crear un camino de solución de la crisis nacional. Eso exige unidad y no dispersarse en innumerables opciones que se anulan entre sí. En suma, el PS está en una encrucijada histórica.

La fuerza democrática y de transformación social está viva en la cultura de la nación chilena, la amplitud del espacio socialista debe proyectarse en un esfuerzo de unidad y articulación política que fortalezca la opción de cambio y transformación social, proyectando esa energía propositiva hacia el logro del entendimiento sin exclusiones de la oposición que permita la reconstrucción económica, social e institucional de Chile. Si impera la dispersión no se logrará nada.

Ante la magnitud del desafío, una fuerza minoritaria por compacta o entusiasta que parezca no será capaz por la dimensión de la tarea que está planteada. La estatura y la envergadura política del bloque de fuerzas que se requieren para el cambio anhelado deben aumentar y no disminuir.

El PS tiene la potencia del liderazgo de Paula Narváez para encarar este desafío, así con resolución unitaria e identidad propositiva podrá ser consecuente con su historia y el legado de los caídos por la libertad y la justicia social en Chile.

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