Hoy la política se asemeja a una sobremesa de trasnochados que celebra al que interrumpe, al que grita más fuerte y al que hace más show. El centro desaparece. Los extremos se alejan. Cada vez es más difícil ponernos de acuerdo. En tiempos de desencuentro, releer el libro "El reencuentro de los demócratas" del expresidente Patricio Aylwin (cuya nueva edición se lanzó el 24 de abril en la Biblioteca Nacional, evento en el que participé como panelista) fue una experiencia dolorosa y a la vez esperanzadora.
Dolorosa por las secuelas que tuvo la dictadura en Chile, por las heridas de los crímenes; y esperanzadora porque con las armas de la paz logramos recuperar nuestra democracia.
Como era amigo de mi padre, pude conocer a don Pato en la intimidad de su hogar. Era un hombre que escuchaba y preguntaba mucho, lo que le daba una mirada amplia y le permitía tomar decisiones sin que le temblara la mano. No por nada fue de los pocos que insistió en dialogar hasta que doliera para buscar una salida política con su entonces adversario, el presidente Salvador Allende, cuando otros daban por desahuciada la democracia. Y durante la dictadura, optó por el camino largo (desde el Grupo de los 24 hasta la Alianza Democrática) para derrotar en su cancha a Pinochet. A su manera, don Pato era un revolucionario.
Pienso en él, en su mirada de largo plazo, en su prudencia. Busco una analogía para describir su estilo y pienso que don Pato era un político de horno, no de microondas. Él sabía que los acuerdos toman tiempo, que hay que dejar que las cosas decanten, que la espera trae como recompensa un mejor resultado. Lamentablemente, la política vive más en la lógica del microondas, se quiere todo rápido, aunque sepamos que así no se construye nada trascendente.
Humillar al adversario es rentable, así se ganan seguidores y elecciones, y se suman minutos en televisión. ¿Pero qué ocurre cuando se dan vueltas los roles y de pronto necesitamos a quien insistentemente denostamos? ¿Qué ocurre cuando necesitamos la mano de quien nunca quisimos ayudar?
Para que los que pensamos diferente volvamos a reencontrarnos debemos romper el círculo de la desconfianza. Volver de a poco a mirarnos. A escucharnos. A escucharnos otra vez. A escucharnos de nuevo. Y de nuevo.
A veces los libros llegan cuando más los necesitamos. "El reencuentro de los demócratas" vuelve a circular gracias a este lanzamiento y ojalá -porque su mensaje sigue vigente- lo siga haciendo por muchas décadas y sea un faro que nos lleve a una convivencia más sana. Como gobernador, pienso en proyectos que requieren de esta lógica republicana, como la ciclovía de Nueva Alameda y la remodelación del GAM. No se hacen de la noche de la mañana. Necesitan de acuerdos entre personas que piensan distinto y una mirada con perspectiva histórica, que incluya lo que va a mejorar la vida de nuestros chilenos y chilenas.