Las consecuencias del odio

El pasado 18 de julio se cumplieron exactos 26 años desde aquella fatídica mañana en Buenos Aires que un atentado terrorista sin precedentes en el continente, derrumbara el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), terminando con la vida de 85 personas entre ellos hombres, mujeres, niños, embarazadas, vidas truncadas que quedaron en pausa a manos del terrorismo.

¿Por qué es importante recordar lo ocurrido en AMIA? ¿Por qué su pedido de justicia es aún vigente tras 26 años de impunidad? Porque ese 18 de julio de 1994 fue un punto de inflexión que nos enfrentó con la cara más siniestra del terrorismo internacional y marcó para siempre al continente.

Recordar es exigir justicia y la deuda que se tiene con todos los que hoy deberían estar y no están ya con nosotros. Recordar es revivir hasta dónde puede llegar el discurso de odio, el antisemitismo, la violencia. Recordar es relevar que el grupo terrorista Hezbollah - quien se adjudicó el atentado - no es una amenaza del pasado, es una amenaza del presente y de nuestro continente, y es también entender y alertar que el terrorismo y su financiamiento forman parte de un fenómeno global, donde ninguna frontera del mundo es lo suficientemente segura.

Este escenario hace cada vez más imperioso que los países robustezcan todas aquellas leyes que condenan la violencia, la discriminación y el odio.

Y en el caso particular de nuestro país, el fortalecimiento de la actual Ley contra la Discriminación, en toda y cada una de sus formas, y la urgencia de aprobar la Ley que condena la Incitación al odio y la violencia.

Así también, nuestro país puede realizar mayores esfuerzos y declarar abiertamente a Hezbollah como un grupo terrorista de alcance internacional, tal como ya lo ha hecho Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, y en América Latina, Argentina, Colombia, Paraguay, Honduras, acción que significa un fuerte compromiso contra el terror internacional.

Este tema dista mucho de estar alejado de nuestra realidad, en junio de 2019 el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro, hizo historia al designar a Hezbollah como organización terrorista y reafirmar que, apoyado por Irán, dicho grupo mantiene una base de operaciones en América Latina.

En la misma línea, en enero de este año, el jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, exhortó a los países latinoamericanos a tomar acciones más enérgicas contra el movimiento chiita Hezbollah, destacó que en los últimos meses países latinoamericanos como Argentina, Paraguay, Honduras, Guatemala, Perú y Brasil habían sancionado o detenido a militantes de Hezbollah, lo que refleja que este era un tema presente en el continente.

También, es urgente hacerse cargo de los discursos y la incitación al odio, la que, en los últimos 75 años de historia, han sido precursores de delitos atroces, incluidos genocidios, atentados y violencia que resulta en asesinatos en masa en varias partes del mundo.

De hecho, en junio de 2019 el propio Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres llamó a profundizar el entendimiento sobre el impacto insidioso de las expresiones de odio y a abordarlo de manera más efectiva. Sus palabras fueron categóricas “el discurso del odio es en sí mismo un ataque a la tolerancia, la inclusión, la diversidad y la esencia misma de nuestras normas y principios de derechos humanos. En general, socava la cohesión social, erosiona los valores compartidos y puede sentar las bases de la violencia, haciendo retroceder la causa de la paz, la estabilidad, el desarrollo sostenible y el cumplimiento de los derechos humanos para todos".

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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