Recuerdos de un antiguo falangista

Hace unos días en el mundillo político que nos convoca, se desató un vendaval de menosprecio político, paradojalmente en un mundo que aspira a la igualdad de género, en contra de Carolina Goic, atizado por algún fuego amigo, “desinteresado”, de estirpe parlamentaria, en el propio seno del PDC.

En efecto, por una parte, el candidato de los partidos Radical y Socialista, quien se ha erguido de la noche a la mañana, como supremo “arbiter elegantarum” del partido progresista transversal que nos asola, nos ha disparado una andanada brutal, un poquitín vulgar sin embargo, cuando se refiere al actuar de Carolina y dice , a la letra que “ .. Me late que es una manera de presionar y arreglarse a último momento.”  Sin duda, castiza y oportuna frase, para dirigirse a una dama, colega y dirigente nacional de la misma coalición del Sr Guillier, quien presume de caballero.

En la otra banda, el pitoniso de derechas, Sr Luis Larraín, nos señala en sospechosa línea con el Sr. Guillier, que la actitud y la opinión de Carolina, no es más que un tongo político, pues la “DC terminará haciendo lo mismo que el Partido Socialista: apoyará a Guillier. Rematará este Nostradamus de San Carlos de Apoquindo, provisto de múltiples destrezas, incluyendo las deportivas,…"que la DC no lo hará por convicción, sino que por mera conveniencia”.

Demuestran estos tribunos criollos, mucha elocuencia premonitoria y poca cautela política, careciendo de toda prudencia, virtud cardinal de la actividad política civilizada.

No hay en tales comentarios la menor cortesía, tampoco solidaridad elemental exigible a aliados, menos un remoto atisbo de grandeza.    

Y para hablar de grandeza, desde este lado del mostrador, sí que tenemos a un falangista, de los  clásicos, sencillo y sin embargo, enérgico y frontal, de aquellos que sacan  la cara por el prójimo, sin oportunismo ni traiciones de ninguna especie, arriesgando con la mayor naturalidad del mundo, el pellejo de cristiano que suelen llevar con tanta naturalidad.

Me refiero a don Alberto Jerez Horta, sobre quien deseo expresar un recuerdo personal muy reciente.

Cuando concurrí al refichaje, en la sede del PDC del edificio de Alameda 1460, me encontré en la trastienda con oficinas desiertas, con aquellas fotos nostálgicas en blanco y negro de los antiguos padres fundadores de la falange. Sin funcionarios activos. No había tampoco aquel parloteo incesante de la gente comunal del partido en permanente diálogo con los dirigentes nacionales. Juventud, ni por pienso.

Sin embargo, como buena señal de otros tiempos, todas las puertas estaban abiertas de par en par. Como debe ser siempre en un partido popular comunitario.

Alguien de buena voluntad, con aspecto de empleado de clase media o profesor normalista, delgado, de fino bigotito, me preguntó amablemente, al ver mi notoria desorientación de anciano, si deseaba alguna cosita. Le respondí que donde y a quien debía entregar la ficha que antes había recibido y llenado en el SERVEL.

- A la señora Guillermina Romero en el 2° piso.

Me presenté ante la Sra Guillermina Romero, guapa, cálida y enérgica mujer de los nobles tiempos de la Falange, quien me confesó con naturalidad los 80 años que lleva con galanura y sorprendente vitalidad.

Es lo que se llama una dama institucional del antiguo PDC, si ella se va, ¿Dónde iremos a parar?

Luego de requiebros y piropos habituales que nos dispensamos copiosamente los jóvenes de la tercera edad, le conté que yo era un antiguo militante de base de la desaparecida 8ª Comuna y si recordaba a mi gran amigo, Egon Hellwigg en cuya casa en tiempos de la dictadura, funcionaba el partido comunal a vista y paciencia de los sapos del régimen. Me respondió con un dejo de tristeza.

- Al funeral del Egon solo fueron 30 personas.

- El pago de Chile.  ¿Y otros falangistas que Ud recuerde?

- ¿Cómo cuales, pues los recuerdo a todos?

- Pues, Alberto Jerez Horta. A quien en un acto solemne, recibimos con Egon en la 8ª comuna, cuando refichó por el PDC al final de los 80.

Se le iluminó el rostro, se levantó de su escritorio, abrió una gaveta y ante mi total sorpresa me exhibió un cuadro colorido de buenas dimensiones, del que pronto percibí el estilo un poco naive, muy alegre de los cuadros, que para sobrevivir, pintaba Alberto Jerez a la sazón.

- Alberto me lo regaló, siempre tan gentil, caballero y seductor.

No me extrañó el gesto de Alberto Jerez, generoso como el que más.

Hay en Internet una  entrevista de la historiadora Patricia Arancibia , realizada con rigor y notable espontaneidad, que recoge el testimonio verdadero y leal del político popular  que siempre fue Alberto Jerez, diputado entrañable de los mineros del carbón y líder de la juventud DC en la década de los 60.

En virtud de aquella entrevista de la Sra Arancibia Esquivel, mujer de derechas y de familia militar, he querido extractar algunos decires, rasgos y comentarios de Alberto que no se pueden archivar para ser cubiertos con el polvo de la indiferencia, del olvido y de la muerte, porque son sentires y razones que viven siempre. A seguir, algunos extractos de la entrevista.

- “Nadie entraba a la Falange para ser parlamentario. ¡Nadie!

- “Una de las cosas que hizo grande a la DC, y primero a la Falange, el partido más puro que ha habido en Chile…”

- “Los dirigentes DC compartían con la gente de base...”

- “El partido siempre fue un hervidero de juventud.”

- “Cuando nos fuimos al Mapu, hubo una pena recíproca. Todos pasaban por el local del Partido, llorando a despedirse”.

- “Sobre Edmundo Perez Zujovíc (asesinado por pistoleros marxistas), era un hombre transparente y de gran hombría. Conmigo fue un gran amigo.”

Y ante una pregunta directa de Patricia Arancibia, si la izquierda o el Partido Socialista lo invitaron a militar, una vez terminada la dictadura, Alberto Jerez responde sin ambages, lo siguiente.

- “Yo fíjese, regresé a la DC porque es el único partido que estaba en posición de luchar frontalmente contra la dictadura. En cuanto al Partido Socialista, estaba dividido en a lo menos 7 fracciones en España. Resolví volver a la DC porque era el grupo opositor que estaba en las mejores condiciones de luchar contra la dictadura.”

Me ha parecido oportuno comentar la  historia de verdad y consecuencia de un falangista como Alberto Jerez que no vaciló en volver al tronco partidario por el interés superior del país.

Su testimonio transparente, en la fiera coyuntura que enfrenta hoy la DC, ratifica que una organización política fundada en valores espirituales, por dignidad elemental, debe declinar la vergonzosa recepción de migajas electorales de grupos o partidos , constituidos ad-hoc para cuadrillazos extorsivos, que no logran esconder el desprecio que sienten por la Democracia Cristiana.

Pues en el caso presente, claramente no se trata de cálculos mezquinos que indican si son tres o cuatro diputados que se ganan o se pierden abusando de la triste y desvergonzada aritmética electoral.

No.

Se trata simplemente de la dignidad. Aquella que no se transa ni por un millón de votos.

Sin dignidad, no hay futuro político.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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