Urgencia social y “Plan Marshall”

Todas las proyecciones económicas señalan que Chile y el mundo tendrán una fuerte caída económica durante este año producto de la crisis sanitaria y del coronavirus, la que ya estamos viviendo con menores niveles de producción y mayores niveles de desempleo.

Si bien las cifras difieren - el Banco Central proyecta caída de hasta un 2,5% del PIB, mientras que según el FMI la caída será de 4,5% - todas apuntan en la misma dirección: la situación económica se agravará en los próximos meses, afectando a miles de trabajadores y familias con más personas desempleadas y con reducción de los ingresos familiares.

Ante ello, junto con el apoyo en diversas medidas de liquidez a pequeñas y microempresas, la urgencia está en dar oportunamente los apoyos requeridos a las personas, en montos y coberturas.

Destacados economistas han señalado que, si bien los esfuerzos realizados por el Gobierno van en el sentido correcto, los montos y coberturas de apoyo a las personas son insuficientes.

La diferencia global respecto de los beneficios está en “cuánto se puede endeudar el Estado” y donde asumir una mayor deuda, permitiría tener recursos para aumentar los montos y coberturas.

Es urgente dar entonces esta discusión. Las familias y trabajadores no pueden esperar. Chile tiene niveles de deuda comparados que permiten un mayor esfuerzo y, por lo tanto, es posible aumentar los montos y número de personas beneficiadas, particularmente, en el Ingreso Familiar de Emergencia.

En paralelo a la urgencia actual, debemos prepararnos para el futuro e impulsar planes de recuperación económica que permitan, lo más rápido posible, reactivar el empleo y la actividad económica una vez terminada la crisis sanitaria.

De hecho, en diversos ambientes multilaterales se habla de un nuevo “Plan Marshall” para los países, haciendo alusión al conocido plan de ayuda financiera para Europa que se realizó después de la 2ª Guerra Mundial.

Un plan de recuperación económica enfrenta al menos tres dimensiones. La primera, tiene que ver con la magnitud del plan y cuántos recursos se pueden comprometer en ello. Chile al haber mantenido años de responsabilidad fiscal, tiene la posibilidad de asumir un plan amplio y, además, pagarlo con el crecimiento posterior. Desde ya expertos de distintos sectores deberían reunirse a diseñar el financiamiento de este plan de recuperación.

La segunda dimensión está en los contenidos, donde la inversión en infraestructura juega un rol primordial al generar empleos durante la etapa de obras, y mejorar las capacidades productivas y de calidad de vida una vez terminadas.

Para tener impacto inmediato es necesario priorizar en la primera etapa proyectos de rápida ejecución, tales como pavimentos secundarios, infraestructura urbana, programas de agua potable rural, riego y de vivienda y obras medianas con ingenierías definidas.

En ese sentido, es una mala señal el recorte presupuestario anunciado por la DIPRES en estas áreas, el que debería revisarse.

Una tercera dimensión son las condiciones laborales y dignidad de los trabajadores, las cuales deben garantizarse en cada una de las áreas del plan de recuperación económica, y no repetir los errores cometidos en los años 80.

El Plan de Recuperación será la nueva urgencia y debemos impulsarlo desde ya.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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