El culto a la enfermedad

Más farmacias, más hospitales, más cirugías, más médicos, más especialistas…más enfermos ¡vengan los enfermos!...¿dónde quedó la salud? ¡No hay salud!

Es la dominación de la enfermedad por sobre el auto cuidado del cuerpo, por sobre el control de los excesos, por sobre la educación de los hábitos de vida.

Es más fácil y placentero comerse una sopaipilla con mayonesa y un jugo azucarado que comerse un plato de lechugas con quesillo; es más fácil andar en el auto que caminar; más fácil sentarse frente a la tele que correr o hacer bicicleta una hora.

Más fácil subir en el ascensor que caminar dos pisos por la escalera, más fácil fumarse un pito o un pucho, “más rico hacerlo” sin condón, “más rico” correr en el auto sin cinturón, “más rico” tomarse las cervezas y los tragos y luego conducir el auto, más fácil tragarse la pastilla que prevenir el síntoma.Total, después voy al médico o a la urgencia.

Nos está venciendo el más fuerte, la comodidad y la flojera, la ley del menor esfuerzo.

Así no habrá bolsillo que aguante, ni ministro de Hacienda que sobreviva, ni ministra de Salud que resuelva todos los problemas derivados de las enfermedades de los habitantes del territorio y de los ciudadanos chilenos.

Una columna de un honorable senador recientemente publicada dice: “no podemos permitir que la gente se siga muriendo…” y agrega “el diagnóstico es claro: Chile enfrenta una emergencia sanitaria producto de la falta de médicos.” ¡Qué barbaridad!

El sistema sanitario, por muy robusto y dotado que se encuentre nunca podrá resolver todas las enfermedades, ni evitar la muerte, salvo retrasarla, ya sabemos que el fallecimiento y el fin del cuerpo es una certeza de la vida.

Así y todo, las políticas sanitarias han sido exitosísimas en Chile al aumentar la expectativa de vida a tal punto que somos uno de los países más envejecidos del continente y los antaño adultos mayores de 60 años, ahora gozan de una calidad de vida muy diferente con la esperanza de vivir al menos 20 años más. Por eso se está hablando del “envejecimiento de la vejez”.Desde 2002 a 2012 el índice de adultos mayores aumentó de 44 a 67%, existiendo 14,5% de personas mayores a nivel nacional.

Este panorama nos debiera sensibilizar para dar una vuelta de traslación -y no sólo de rotación- cambiando el giro de la órbita, hacia un movimiento de más amplia perspectiva y a más largo plazo.

La nueva órbita ya no es un requerimiento al Estado, acusación constitucional, recurso de protección y cuanta argucia sea posible encontrar contra el Gobierno y la promulgación de nuevas leyes. Hay un aspecto que no está visibilizado y tiene que ver con el deber de las personas a cuidarse, no sólo al derecho a la salud, puesta su obligación en el Estado.

¿Acaso no tienen las personas libertades propias que les llevan a vivir de determinada manera, tener ciertos hábitos, asistir o no a controles preventivos, decidir si tendrán o no hijos, consumir o no ciertas sustancias, tener conductas de riesgo por ejemplo de accidentes y traumas, decidir respecto de su sexualidad? ¿Tienen las personas como individuos algo que decir y qué hacer respecto de sus propios cuerpos, o  esto también es responsabilidad del Estado o de los médicos?

Las enfermedades existen, claro está, no obstante una altísima proporción de éstas ocurren como consecuencia de los hábitos de vida de las personas. De hecho, es el componente que más impacta en la situación de salud de los países, no es el aparataje asistencialista curativo que sólo es responsable de menos de un cuarto de la situación de salud de las poblaciones. Entonces ¿hacia dónde debe ir el giro, los discursos, los recursos, las energías?

El ministerio es de Salud, no es el ministerio de la Enfermedad, porque tiene muchísimas más tareas que sólo estar mirando las redes de centros asistenciales y los hospitales.

Tiene roles que le da el Código Sanitario como la vigilancia sanitaria y la definición de una enorme cantidad de políticas y normativas relacionadas con la promoción de la salud, la pesquisa precoz de la enfermedad y la prevención de las enfermedades. Este rol es el que debemos contribuir a robustecer si pretendemos tener un país que goce de salud.

Hay un deber de cada persona de cuidar su cuerpo. No basta con interpelar hasta la náusea a una cartera de gobierno que es impotente ante una situación que resulta finalmente por dos fenómenos: el aumento de la expectativa de vida y la existencia de enfermedades propias de estilos de vida que son sólo modificables desde las propias personas.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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