Violencia obstétrica: una violencia oculta

Semanas atrás la prensa advirtió de dos casos de mujeres chilenas que sufrieronuna grave violación a sus Derechos Humanos. Se trata de violencia contra las mujeres en su modalidad de violencia obstétrica.

Lo más grave, es que esta violencia proviene desde las instituciones que supuestamente deberían resguardar sus derechos como lo son los hospitales y el Tribunal de Familia, y en medio de un silencio cómplice por parte del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM). Porque cuando hablamos del cuidado personal de un niño, lo hacemos desde el concepto de un cuidado integral en lo corporal, lo psíquico y lo vincular.

Esta semana ha sucedido otra grave situación en el hospital Higueras de Talcahuano, a todas luces es una desproporción.Producto de un informe elaborado por el Consejo Técnico del hospital, el Tribunal de Familia ordenó retener a un recién nacido, privándolo de la  lactancia y apego inicial fundamental para cualquier ser humano, por el solo hecho de que su madre informó consumo medicinal de Cannabis.

Existe suficiente evidencia que muestra que un niño que ha sido separado de su madre al nacer sufre efectos perjudiciales en su desarrollo cognitivo, menguando su capacidad de respuesta al estrés, de aprendizaje y habilidad social a lo largo de su vida.

Este tipo de medidas no se sustenta sobre la base de la evidencia científica, dado que la concentración de fito cannabinoides que se pudiese encontrar en leche materna luego que la madre consume un cigarrillo diario es muy bajo, del orden de los 10-80?g/mL, considerado incluso como trazas de sustancia. Lo anterior pone en evidente cuestión la viabilidad de los efectos sobre el recién nacido (Hanan Abramovici, 2013.Extractode informe realizado por Dra. Ximena Steinberg, Profesional Bioquímico)

Esta situación constituye una aberración contra los derechos del niño, asimismo se trata  un evidente acto de violencia obstétrica, no menos violenta que la violencia física, psíquica o económica contra la mujer.

Otro caso indignante es lo ocurrido en el Hospital Barros Luco, donde una educadora de párvulos solicita asistencia en medio de una hemorragia,y acaba siendo denunciada a carabineros por aborto, en un hecho repudiado por toda la sociedad chilena.

En esos mismos días, otra mujer,  proveniente de Cunco , que había comprado misotrol por internet, lo ingirió, interrumpió su embrazo y fue denunciada en el Hospital Hernán Henríquez Aravena de Temuco. Luego fue detenida por PDI, y formalizada posteriormente.

El país de hoy, se encuentra sometiendo a discusión y negociación política un tema sobre el cual no debiese existir duda alguna: el aborto terapéutico cuando la vida de la mujer se encuentra en peligro; cuando existe un feto que morirá indubitablemente al nacer creando un trauma y un dolor de por vida en esa mujer y familia, o cuando una adolescente o mujer ha sido violada, que corresponden a un piso ético mínimo. Son tan solo un porcentaje de todos los abortos que se realizan en Chile, pero son situaciones éticamente ineludibles.

Las mujeres, en general jóvenes, que terminan en el hospital pues su desesperación las  ha llevado a realizarse procedimientos caseros que ponen en riesgo sus vidas, para luego ser denunciadas por un personal de salud en ocasiones ignorante e inescrupuloso, como lo que ha sucedido recientemente, nos confirman que los aprendizajes y el respeto por las ciudadanas en su calidad de usuarias y de pacientes aún no es parte de la cultura de los servicios de salud.

Sólo hace pocos años ha surgido la noción de Violencia Obstétrica en nuestro país. Sin embargo, Argentina y Venezuela (sí, la Venezuela que tanto es criticada) ya tienen reconocida por ley la Violencia Obstétrica. En Chile, solo tenemos un incipiente proyecto de ley en la Cámara de Diputados.

Decía Salvador Allende, un sanitarista mundialmente reconocido “…dar a toda mujer, democráticamente, el derecho a la libertad de decidir conscientemente la concepción de los hijos que desea, según el principio de que el Gobierno Popular protegerá la familia, la estimulará, si ello es necesario, pero nunca impondrá a la mujer sacrificios que vayan en contra de su realidad cultural y económica...”.

Vemos como esta postura reconocía la preponderancia del proyecto de vida de una mujer respecto de una maternidad obligada en un contexto de pobreza y falta de oportunidades.

Pinochet, en 1989 prohibió cualquier forma de aborto. En este aspecto aún la transición no culminó.

Legislar para erradicar la violencia obstétrica es fundamental. Aprobar la ley de interrupción de embarazo por tres causales, es una urgencia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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